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“La Eternauta”, tentación riesgosa
Conti tributa a Carlos Zannini y opera en tándem con Carlos Kunkel. Esos enlaces invitan a pesar que su arrebato perpetuista, autoinvocándose como «ultra K», pudo tener -además de indicios sobre los planes de Balcarce 50- un guiño para vocear la idea.
La diputada citó el dato más sensible: nombró la persistente mención de Eugenio Zaffaroni sobre la necesidad de una reforma de la carta magna. El cortesano hizo llegar, con Néstor vivo, sus sugerencias a los Kirchner. Aquel bosquejo dista, así y todo, de lo que a grandes rasgos tituló Conti.
En rigor, la hipótesis de impulsar una reforma de la Constitución comenzó a explorarse sin la tentación riesgosa, al menos públicamente, de una reelección indefinida. La base, para abrir la puerta, es proponer un tránsito hacia un parlamentarismo atenuado.
Pero ese proceso es una supernova de alcance insospechado, usina de riesgos y sorpresas. «¿Por qué si España y Alemania permiten la reelección indefinida, acá no se puede?», interrogó ayer, como argumento, un dirigente K, sin reparar que ambos países son parlamentaristas. Parece, por ahora, apenas un ensayo.
Ayer, en despachos de la Casa Rosada, se objetaba la «oportunidad» de las palabras de Conti. El instante de índices favorables a Cristina podría, juzgaron, sufrir algún revés ante una propuesta eternista que remite, inevitablemente, a la fantasía de Carlos Menem en los 90.
Según esa mirada, aventurarse con una propuesta incierta -lloverán, por caso, las comparaciones con Hugo Chávez- es, cuando menos, inadecuado cuando todavía el kirchenrismo debe superar con éxito el desafío electoral del 23 de octubre próximo.
En otros circuitos se husmeaba detrás de los dichos de Conti -que habló de «reelección indefinida» y una «Cristina eterna»- el deseo puro de la Presidente. «Diana no dice nada por la suya», arriesgó un dirigente que la conoce mucho y desde hace años.
El comentario de la diputada, en tanto, forma parte de un nuevo diccionario K donde cada hueco sólo contempla ser ocupado por un referente propio. Lo hizo, días atrás, José Ottavis, referente de La Cámpora, cuando postuló a Máximo Kirchner como vice de Daniel Scioli.
La hipótesis reeleccionista obligará a los K a revisitar a Oesterheld: la imagen del patagónico como El Eternauta deberá, ahora, convivir con la ilustración de una versión femenina, personificada por Cristina, de aquel héroe grupal de la historieta: La Eterna.
Hay una explicación -más allá del ranking de fanatismo- sistémica: un sondeo que leyeron en Gobierno detectó que cualquier compañero a vice de Cristina de Kirchner la hace bajar algunos puntos en intención de voto. Imperdible oportunidad para un/a desconcido/a.
El confesionario de Conti generó una previsible reacción opositora. Francisco de Narváez, Gerardo Morales, Fernando Pino Solanas y Patricia Bullrich no dejaron pasar la oportunidad de cuestionar la idea con menciones al «nepotismo» y «ataques a la democracia».
No faltó, atento a la coyuntura y las similitudes ortográficas, la referencia a que «Kristina (sic) quiere parecerse a Kadafi», como dijo vía Twitter el diputado del GEN Gerardo Milmann. Se sabe: una propuesta extrema siembra reacciones extremas.


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