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La Fed desviste y Wall St. se excita
Wall Street, aleccionado por una prédica de meses, aplicó aquello de que nada se pierde y todo se transforma. En consecuencia, no perdió nada, sino todo lo contrario: transformó la noticia en una nueva tanda de récords (y una rebaja sustancial de la incertidumbre). La Fed no procura efervescencias (ellas corren por cuenta de los inversores). El lujo que ansía es que no se resquebraje el terreno. La ausencia de tensiones es lo que computa como éxito. La poda del programa de compra de bonos -el "tapering"- es un proceso secuencial y no sería prudente avanzar si la confianza se agrieta. Y aún siendo Bernanke un hombre calmo -como banquero central presto a la jubilación-, se ve, aunque no lo dice, que prefiere quitar la pava del QE3 mucho antes que se produzca el primer hervor. La cartera activa de la Fed cruzó el umbral de los 4 billones de dólares. En 2008, hasta el traspié de Lehman, no alcanzaba los 900 mil millones. Al extinguirse el QE3 habrá crecido otro medio billón más. La Fed quiere continuar con el estímulo, pero no atiborrándose de papeles.
Vísteme despacio que estoy apurado. Desvestir el QE3 también llevará su tiempo. Bernanke planeó una repetición de recortes sucesivos en el orden de los 10 mil millones de dólares por reunión, condicional a la buena marcha de la economía y del mercado de trabajo. Se podrían saltear una o dos reuniones si la situación flaquea, o acelerar el pulso si los progresos se acentúan. Pero, en su opinión, lo que pensó que terminaría a mediados de 2014 acabará recién sobre el filo del año próximo. Antes de ello, empero, la inflación deberá repuntar y arrimarse al objetivo del 2% que el banco central se fijó para el largo plazo (hasta el momento sin lograrlo).
Janet Yellen será confirmada como sucesora de Bernanke en sesión del Senado el próximo 6 de enero. Bernanke le facilitó el debut. Ensayó el paso inaugural del "tapering", y fabricó una expectativa -la de las podas en torno a los 10 mil millones por reunión- que hace las veces de rumbo de piloto automático, y que ya se descuenta en las cotizaciones. Yellen saldrá al ruedo a circular sobre un terreno oportunamente desmalezado. Hoy por ti, mañana por mí. Yellen tendrá que desmontar no sólo el QE3. En un par de años, si todo sale como está planeado, deberá izar las tasas de interés y quitar de escena a la política monetaria no convencional que lleva el sello de Bernanke. En sus manos queda, pues, la reputación de ambos (Greenspan era el Maestro cuando dejó el banco central y hoy es un comodín de las críticas).
La Bolsa vivió un año fantástico, pero con el estreno del "tapering" detrás de sí, y la Navidad y el efecto enero por delante, no pensará en replegarse a cuarteles de invierno. El temple de los bonos que, a diferencia de lo que aconteció a mediados de año, mantuvieron sus rendimientos sin sacar los pies del rango, le servirá de bastón. Y si la economía preserva su reciente vigor, tanto mejor. Comenzada la poda del QE3, y con tasas largas estables, otra vez las buenas noticias -como el aumento impensado del producto bruto y las ventas finales del tercer trimestre- operan genuinamente como buenas noticias.


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