4 de noviembre 2013 - 00:00

La Fed ladra, pero aún no muerde

¿Vuelve la Fed, serrucho en mano, a querer podar el QE3? El interrogante se cruzó como una flecha cuando el banco central, el miércoles último, concluyó su reunión y disparó el comunicado de rigor. No hay allí ninguna alusión específica, pero la ponzoña se inoculó con otra omisión: las autoridades no se rasgaron las vestiduras por la semiparálisis del Gobierno en la primera mitad de octubre. Si sus consecuencias no se juzgan importantes, no para ganarse una mención destacada, ¿por qué lo serán para postergar el "taper" hasta 2014? Un cuarto de hora después de difundir el texto (lo que demuestra que se lo leyó de arriba abajo, del revés y del derecho) el Dow Jones se hundió 100 puntos en tres minutos. Se recompuso luego y el viernes sacó pecho de nuevo e hilvanó así, en cuatro semanas, cuatro alzas consecutivas. Pero si se mira bien se advierten las grietas a su alrededor donde, hasta el martes, lo único que había era una constelación de récords. El Dow y el S&P 500 ganaron terreno, pero el NASDAQ retrocedió. Y también se replegaron los bancos. Y las empresas de servicios públicos (sensibles a las tasas de interés). Y, sobre todo, las acciones de compañías pequeñas: el Russell 2000 se hundió el 2%. La vanguardia del rally, pues, desertó o se puso a cubierto.

¿Hay un mensaje cifrado? ¿Un recordatorio de que la reducción del QE3 no necesita esperar hasta el año próximo y podría proceder en diciembre? ¿Cómo leer y entender lo que no está escrito? La duda se disipó pronto. La intuición del mercado se probó acertada. Tres altos funcionarios de la Fed ya se apresuraron a romper el silencio y, dos de ellos, volvieron a instalar el tema de la reducción del QE3 en la palestra.

Charles Plosser, titular de la Fed de Filadelfia, está listo para emprender el "taper". Todavía lamenta "la oportunidad perdida" en septiembre. El "shutdown" lo tiene sin cuidado. En cambio, el tamaño creciente de la cartera de bonos que maneja la Fed, y que se abulta en 85 mil millones de dólares cada mes, no lo deja dormir. Plosser será un halcón inofensivo en la reunión de diciembre, pero tendrá voz y voto a lo largo de todo 2014. De él puede esperarse lo que hizo Jeff Lacker, de la Fed de Richmond, durante 2012: machacar sin descanso a favor de desmontar el QE3 lo antes posible.

Si se escucha a los halcones, más atención hay que prestarles a las palomas -o en este caso, a los neutrales- cuando afilan el pico. James Bullard, de la Fed de Saint Louis, se opuso en junio, fue el único, a la idea de empezar a rebajar el QE3. Pues, bien, el viernes le abrió la puerta a la posibilidad del taper. No dijo cuándo, porque no quiere que la reversión del QE3 se guíe por fechas sino por la salud de la economía. Pero reconoce ahora una mejoría "en todos los frentes" que, de persistir, ameritaría el cambio de planes.

Lo interesante es que Bullard fue más allá: señaló la gran preocupación de la Fed de que los mercados incuben una burbuja. Cuando Bernanke avisó en mayo que analizaba la reconversión del QE3 mentó también el peligro de los excesos que pudieran provocar inestabilidad financiera. En ese entonces, el blanco era la renta fija y la búsqueda desesperada de rendimientos. Y se corrigió. Lo que burbujea hoy no son los bonos, sino las acciones.

¿Qué pretenderá la Fed? ¿Aplacar los bríos de Wall Street como sugieren los dichos de Bullard? Si es así, otras voces se sumarán pronto. Nos lo dirán las minutas. Si de veras el riesgo de burbujas quita el sueño fue un error no haber actuado en septiembre con un retoque simbólico. ¿Se podrá remediar en diciembre? La economía no estará a punto como no lo estuvo en septiembre (pese a la sorpresiva robustez del índice ISM). Si lo que se procura es sosiego, con menear el disco del taper alcanzará. Sería coherente con lo actuado: una Fed que ladra, pero que todavía no muerde.

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