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La Fed no opera plazos fijos, pero Yellen mostró la idea fija
Que la escoba nueva barre bien, no hay duda. Tan bien que expuso la basura que, prudentemente, la Fed guardaba bajo la alfombra. ¿Es la intención? ¿El Banco Central apura el paso? ¿O se apuró Yellen al responder? Lo que se dijo, dicho está. El tapering es historia, aunque todavía no terminó y ahora vale saber si concluirá en la reunión de octubre o diciembre. Yellen instaló ya -voluntariamente o no- la inquietud por el comienzo de una nueva fase: el desguace de la política de tasas cero. Y lo hizo arrimando claves que, tomadas de manera literal cuando no fueron pronunciadas así, permiten asignar fechas "precisas" para los próximos pasos críticos de la Fed.
La vigilia empezó. Tapering no es tightening, se cansó de repetir la Fed. Esto es: comprar menos bonos -hasta dejar de comprarlos del todo- no es una reducción de la oferta de liquidez. Pero subir las tasas cortas sí lo es. Aunque no signifique tampoco el final de los estímulos monetarios. Abril 2015 -la primera fecha a la que se arriba con las pistas que entregó Yellen- supone un horizonte distante. La mediana de la suba de tasas esperada por los propios funcionarios las ubica en el 1% recién a fines de 2015. Pero los mercados se anticipan. El tapering fue muy áspero en la fase de los anuncios. El alivio sólo ocurrió, paradójicamente, cuando comenzó a ejecutarse.
Encerrona
Un asunto debe quedar fuera de la discusión. La Fed no opera plazos fijos. Hace tiempo que el "forward guidance" -la estrategia de comunicación- zafó de esa encerrona. Volver a situar el calendario en el centro de la escena no es -de ninguna manera- la voluntad de la institución. Entiéndase bien el punto. La Fed abandonó el "guidance" económico cuantitativo y lo reemplazó por una orientación cualitativa más difusa. Desaparecieron las referencias del 6,5% de la tasa de desempleo y del 2,5% de la tasa de inflación. Lo que produjo Yellen, con su ya célebre traducción de "período considerable" como, más o menos, "seis meses", fue una segunda transformación a contramano de la nubosidad buscada. Fuera de programa. Pero no es el calendario, es la economía la que manda.
El "error" de Yellen puede disculparse como un traspié de principiante (su primer conchabo en la Fed data de 1977). Pero Ben Bernanke, todo un veterano al borde de la jubilación, cometió un furcio similar tras la reunión de junio del año pasado. ¿El culpable? La interpretación hiperliteral. Jugar con las fechas es jugar con fuego. Así, con una lectura forzada pero previsible, Bernanke proveyó un ejemplo que instaló septiembre como mojón para iniciar el tapering. Él mismo, luego, relativizaría sus dichos. No obstante, el ejemplo no se improvisó, y sirvió de aviso. El malentendido obró también como globo de ensayo. No fue en el mítin de septiembre pero sí en diciembre que el tapering estuvo listo para el despacho. La Fed no opera plazos fijos, pero Yellen ya nos alertó sobre la idea fija de subir las tasas (al igual que el voto disidente del presidente distrital Kocherlakota). Las minutas, en un par de semanas, retratarán la impaciencia de los más osados y volverán así a menear el tema. La vigilia empezó. Hay que mirar los bonos, no la Bolsa, para advertirlo. Por ahora es un respingo tenue, sin histerias, con foco en los plazos intermedios.

