14 de marzo 2016 - 00:35

La Fed y el rally de los milagros

Mario Draghi
Mario Draghi
¿Quién dijo que 2016 estaba perdido? ¿Habrá que cuidarse de los idus de marzo? Wall Street arrancó el mes con un avance tan poderoso como en ningún otro marzo (salvo en 1999). La zozobra de enero y comienzos de febrero quedó enterrada 1.200 puntos atrás para el Dow Jones Industrial. Ya no se escucha hablar de mercado bear aunque los escépticos permanecen a la vera del rally, como refugiados que se niegan a levantar campamento. El S&P 500 recuperó la media de 50 ruedas y, esta semana, la de 200 cuando el índice volvió a acomodarse en la explanada de los 2 mil puntos. Son pequeños milagros, parecían imposibles un mes atrás (cuando todo revirtió), y esparcen la fe de los conversos. Que la suba sea pobre en credenciales no impidió llegar hasta acá, y ponerse a tiro -un 5%- de los récords. Y, de hecho, el Dow Jones de Servicios Públicos ya coronó nuevos máximos absolutos. Que un furgón de cola lidere el convoy de las acciones alienta, en verdad, más sospechas que euforia. Pero en el séptimo cumpleaños del mercado bull, nacido en marzo de 2009 de las cenizas de Lehman, nos recuerda que no está dicha aún la última palabra.

No es la mano invisible lo que empuja el rally de las Bolsas (y los activos de riesgo). Si primero fue Jamie Dimon (el CEO de JP Morgan) metiendo la mano en su billetera personal, esta semana le tocó a Mario Draghi disparar la bazuka billonaria del BCE. Lo prometido era deuda, y Draghi cumplió con creces. Rebajó todas las tasas de interés de la eurozona. La tasa de depósitos en el BCE (por cuarta vez) se ubica ya en - 0,4%. Aumentó el programa de expansión cuantitativa. Comprará más activos por mes (pasará de 60 mil millones de euros a 80 mil millones, como mínimo hasta marzo de 2017) y los aceptará de un universo más amplio (incluyendo obligaciones corporativas, así elimina el problema de una eventual escasez de activos elegibles). Last but not least, el BCE lanzará un nuevo plan de préstamos de largo plazo a los bancos (TLTRO II), y hasta podrá remunerarlos para que, a su vez, financien al sector privado. Si Dimon tuvo que intervenir para frenar, un mes atrás, una incipiente corrida contra las acciones de JPMorgan, Draghi está atacando el problema de estrés en la raíz: la desconfianza en la salud de los bancos europeos. Las subas de precio de las entidades italianas -o del propio Deutsche Bank- avisan que el mensaje llegó a destino. Los muertos en cartera podrán hiperventilarse en poder del BCE, y quizás en el tiempo recuperar los signos vitales.

La bazuka del BCE es un cañón de calibre gigantesco pero, de diciembre a esta parte, se comporta como una errática escopeta de estanciero. Hay que agacharse porque -por más que se apunte bien- dispara una perdigonada de dirección incierta. La intención de bajarle el copete al euro fracasó en diciembre y volvió a frustrarse ahora. El euro se fortaleció a contramano, ajeno a la ley de la gravedad de las tasas negativas. Para Draghi, el papelón debe ser terrible; para el mundo, que sonríe por lo bajo, es mucho mejor. Un dólar muy fuerte podría causar estropicio. La Bolsa, por su parte, se tomó dos días para darse por aludida. Subió con los anuncios y cayó trascartón (cuando Draghi dijo que, de momento, esto es todo, amigos). Pero el viernes, una segunda lectura concluyó que una fiesta es una fiesta aunque sea (por cuarta vez) la última. Con ese dictamen en el bolsillo, el rally infló las velas de nuevo. Con la Agencia Internacional de Energía sugiriendo que para el petróleo ya pasó lo peor fue cartón lleno.

La Fed se reúne este martes y miércoles y nadie espera una agresión. No obstante, una economía refractaria a la recesión, y una Bolsa que no se rinde, le devuelven alas a su intervención. Exactamente un mes atrás, los mercados esperaban la primera suba de tasas recién para junio de 2018. Hoy la chance de un ajuste el próximo junio es una moneda al aire. Otro retoque en diciembre luce probable. ¿Podrá el rally preservarse indiferente y convivir con la cercanía del alza de tasas? ¿O por enésima vez sufrirá la erosión? Habrá que ver, este miércoles, si la Fed quiere agitar ya la discusión.

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