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La figuración argentina, celebrada en Brasil
Nicola Costantino se autorretrata desnuda sobre una bandeja, con el claroscuro barroco, en la muestra paulista «Argentina hoy».
La muestra reúne varios hits del arte contemporáneo, producto de una selección que privilegió la calidad y el atractivo visual, antes que la novedad. Varios de los trabajos que llegaron a San Pablo se han exhibido en bienales o ferias, y se distinguen porque logran sorprender al espectador. Un buen ejemplo es la sobrecogedora imagen de un jinete recostado sobre un tordillo, una fotografía de Leonel Luna, que arrastra la carga densa del romanticismo y trae al presente la conflictiva historia sarmientina de «Civilización y barbarie». El mismo artista presentó en 2002, en arteBA, «A la conquista del desierto», una foto intervenida, donde recrea la pintura histórica de Juan Manuel Blanes, pero esta vez con piqueteros como protagonistas.
La política es la materia de Luna y, sobre todo, de las obras de Graciela Sacco, de sus «Sombras del Sur y del Norte» que replican una imagen de Mayo del 68, y recorrieron el mundo en estos últimos años. El motivo del mural de Mariano Molina, una manifestación en sombras, es también político, como la «Batalla campal» de Tomás Espina, una tela con formato mural. La obra pertenece a la extensa serie en la que Espina utiliza pólvora como pintura, fórmula que descubrió en 2002, cuando reprodujo la masacre de Avellaneda, el asesinato de Kosteki y Santillán.
Ana Gallardo, cumplió en estos últimos años el papel de operadora sociocultural, como tantos artistas que comenzaron a procurarse por sí mismos lo que nadie les daba. Así, el video «Casa rodante», tomado durante una performática recolección de muebles, muestra su trabajo en un territorio que se confunde con la vida real.
Son varias las obras más o menos poderosas, donde se perciben los rastros que dejó la feroz violencia desatada cuando estalló la crisis de 2001. Desde esta perspectiva, si se considera que los artistas son sismógrafos del acontecer social, los eclipses de Ernesto Ballesteros que ocultan las fuentes de luz y crean un mundo metafísico, se convierten en enigmas de difícil interpretación. Es decir, los eclipses se pueden ver de otro modo, como agujeros negros en el paisaje, que aparece entonces perforado con la precisión de un balazo.
Las fotografías de Esteban Pastorino tomadas desde un barrilete, no hacen otra cosa más que subrayar la fragilidad del lugar donde vivimos, un mundo de juguete que parece una maqueta. Si «todo arte es político» como asegura Sacco, y si es cierto que tan sólo se diferencia «una producción de otra por el compromiso social que pueda tener», también es cierto que la dramática situación económica, social y política de nuestro país, provocó respuestas contradictorias.
Por un lado fue un detonante para el arte político y comprometido, pero también motivó una vuelta al arte puro, al quehacer ensimismado y a que muchos artistas renovaron su compromiso poético con el mundo.
Acaso con esta intención, Barreda subraya el pulso del artesano. A través de una sofisticada animación, reconstruye la casa de cristal de la arquitecta italiana Lina Bo Bardi, y le inserta una pequeña pantalla donde diseña una figura femenina. Desde el corazón de esa mujer brotan ramas que florecen. Esas líneas temblorosas crecen, recorren el cuerpo y con el gesto sensible del dibujo llegan hasta el vientre y acaban por diseñar una casa dentro de la casa. El componente sonoro es importante: cada nota coincide con el crecimiento progresivo de la línea.
Con el mismo afán poético, Estanislao Florido presenta dos videos con temas disímiles y la misma estética juguetona de los dibujos animados; en uno, cuenta las andanzas de un pequeño cartonero; en el otro, muestra bellísimas escenas del campo tomadas de las pinturas de Pieter Brueghel.
Sandro Pereira, recrea la célebre escultura helenística «El Espinario», modela el jovencito que trata de quitarse una espina del pie, con alfileres de perlas y lo presenta decapitado. «Con su obsesión secular ha perdido la cabeza», señala Wechsler, y destaca que el citacionismo de varias obras, como la «Dama del armiño» de Leonardo que recrea Res, está siempre subvertido.
¿Cuál será la percepción del público de Brasil frente al humor argentino de Márcos López, tan dulce y grotesco a vez? ¿O ante las banderas de Boca y River flameando como llamas encendidas de Dino Bruzzone, las pinturas que se esconden en los mullidos peluches de Gómez Canle y las palabras inestables de Sardón en la arena?
En medio de las urgencias que marcan los ritmos urbanos de los videos de Silvia Rivas y Jorge Macchi (quien vuelve a recurrir al sonido del talentoso Edgardo Rudnisky), se abre la ciudad blanca y abstracta de Siquier. Refiriéndose a ese espacio delimitado por el misterio de la sombra, el artista dice: «Mi trabajo celebra la ciudad y los intentos fallidos de un orden imposible. Me interesan las imperfecciones e intento desprenderme del ornamento, para convertirme en un artista duro, con una obra seca, áspera». Al rescatar textos que se incorporan al sonido y las visiones urbanas, Leandro Tartaglia, establece un enclave para la reflexión.
Entretanto, con el magnífico oficio que la caracteriza, Nicola Costantino se autorretrata desnuda sobre una bandeja, con el claroscuro barroco. Es el fin de la muestra, que se completa, entre otras obras, con un mural de Leila Tschopp, que abre espacios virtuales, y se corporiza en ese espléndido retablo que cierra la exhibición.
Desde el título, «Argentina hoy», la muestra encara tarea de mostrar la extensa producción del arte actual, una misión a todas luces inalcanzable, pero es a través de pantallazos, de fragmentos, que se logra un acercamiento a ese todo inabarcable.

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