21 de enero 2013 - 00:00

La “Generación del 86” y el nepotismo

El fracaso de la selección Sub-20 en el Sudamericano jugado en Mendoza y en San Juan es una consecuencia lógica de una decisión que empezó a plasmarse en octubre de 2007, cuando hicieron «renunciar» a Hugo Tocalli, echando a su principal colaborador, Miguel Ángel Tojo, y que se profundizó en 2009, cuando ante la renuncia de Alfio Basile a la selección mayor volvió (para quedarse en Ezeiza) Carlos Salvador Bilardo y su «ahijado», Humberto Grondona, el hijo del presidente de AFA. Allí se planificó una reivindicación de la «Generación del 86», aquellos jugadores hoy casi todos convertidos en directores técnicos que habían ganado el Mundial de México. En ese momento en los juveniles ya estaba Sergio Batista (que había asumido por consejo de Grondona Jr. después de la renuncia de Tocalli) y en la mayor se eligió a Diego Maradona. A partir de ahí pasaron por los juveniles José Luis Brown, Oscar Garré, Julio Olarticoechea, Héctor Enrique, Marcelo Trobbiani y algunos colados como Walter Perazzo (era el ayudante de Batista) y Miguel Lemme (la mano derecha de Bilardo).

Salvo la medalla de oro que consiguió Batista en los Juegos Olímpicos de Pekín (con un equipo clasificado por Tocalli), todos fracasaron y rotundamente. Era lógico porque ninguno tenía experiencia en juveniles, salvo el hijo de Grondona, quien en México es recordado como el único técnico que no pudo llevar a la selección juvenil a los Juegos Olímpicos.

Hay que decir que no fue una gran generación de técnicos y que los con más méritos (Jorge Burruchaga que ascendió a Arsenal, aunque después no pudo afirmarse en Independiente, o Nery Pumpido, que sacó campeón de América a Olimpia, de Paraguay, pero después sumó varios fracasos) no pasaron por el predio de Ezeiza.

Lo triste fueron las opiniones que vertieron sobre el trabajo de Pekerman y Tocalli, que fue reproducido por sus voceros habituales en la prensa. Entre otras cosas, dijeron que «sólo sacaban un estilo de jugador chiquito y hábil, que era útil para jugar en Europa, pero que no ganaba campeonatos de mayores» y «que buscaban títulos juveniles, desperdiciando la formación física y la evolución del jugador».

Grondona, el gran culpable

El gran culpable de este error fue Julio Humberto Grondona, que «compró» el proyecto de su hijo y lo hizo valer ante un comité ejecutivo que había empezado a desconfiar luego del fracaso de Perazzo en el anterior sudamericano, pero que no se atrevieron a contradecir al viejo caudillo.

Y este error tiene que ver con el nepotismo de hacer valer el amor paternal por encima incluso de la razón. No sólo le pasa a Julio Grondona, que le dio a su hijo un puesto para el que no está capacitado; también Ramón Díaz ponía como jugador a su hijo Emiliano por sobre compañeros con más méritos y ahora lo tiene de ayudante de campo en River, como Américo Gallego tiene a su hijo Jeremías, quien como arquero nunca pudo afirmarse en ninguno de lo equipos que jugó. El fútbol es un pasión inexplicable, como todas las pasiones. Por ejemplo, la que tiene un padre por su hijo. Por eso muchas veces hace equivocar a los más inteligentes.

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