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La heredera del imperio Suchard, ahora cartonera
Renata Jacobs, heredera del imperio alimentario Jacobs Suchard
-vendido en 1990 a Kraft Foods-, se hizo habitué del centro de clasificación de los cartoneros del Tren Blanco en José León Suárez, y prometió formar una ONG para ayudarlos económicamente.
En 1895 Iohann Jacobs fundó una empresa que envasaba café y le dio su apellido. La firma se expandió por toda Europa y en 1970 Klaus Jacobs, nieto del fundador, tomó las riendas y la convirtió -tras la compra de la suiza Inter-food- en el imperio Jacobs Suchard que sería adquirida en 1990 por el gigante estadounidense Kraft Foods.
Tras la venta, Klaus Jacobs fundó una empresa -Barry Callebaut- que tiene fábricas y oficinas en 26 países, hace chocolate como materia prima y es la mayor productora del mundo de ese insumo. También compró una firma de personal temporario, la fusionó con otra y formó Adecco.
Tras su muerte en 2008, el gerenciamiento del grupo se profesionalizó y Renata siguió haciendo lo que más le gusta: dedicarse a la filantropía a través de la Fundación Jacobs.
En uno de sus viajes por el mundo se enamoró de la Argentina, y compró una gran extensión de tierra en Bariloche, en la zona del Anfiteatro. Unos amigos argentinos le hicieron notar el fenómeno de los cartoneros, y Renata
-junto a su amiga, suiza como ella, Katrin Kuemin- quiso conocer a Lidia Quinteros, la «delegada» de los cartoneros del denominado Tren Blanco.
El encuentro entre estas dos mujeres de mundos diametralmente opuestos se concretó hace unos días, y Renata le prometió a Lidia la conformación de una ONG que aportará a los cartoneros de ese grupo atención sanitaria, maquinarias y elementos de trabajo y educación.
La primera reunión no fue en el «cinco estrellas» en el que suele hospedarse Renata cada vez que llega a Buenos Aires en su jet transatlántico privado, sino en el centro porteño. El relato de Lidia fue tan conmovedor (¿e inverosímil para alguien no habituado a los niveles de pobreza que se ven en el GBA?) que Renata le pidió ir al centro de separación y clasificación de materiales que tienen en la localidad bonaerense de José León Suárez.
Allí la empresaria les dijo a sus interlocutores -en este improbable choque de culturas y patrimonios- que estaba «conmovida» por el trabajo que hacían los cartoneros. Allí fue que les prometió que la ONG que ya está en proceso de constituirse se abocará a «enseñarles a leer y escribir a los padres cartoneros y a sus hijos».
Los cartoneros le respondieron con un pedido mucho más cortoplacista y urgente: dos cintas transportadoras para reemplazar a las que están a punto de dejar de funcionar, y cuyas reparaciones constantes les insumen buena parte de sus ingresos.
No será ésta la primera experiencia filantrópica de Renata Jacobs en la Argentina: en el área más modesta de las afueras de Bariloche ya cincuenta chicos reciben un subsidio para que aprendan a leer y escribir y reciben atención médica pagada por la heredera.
Renata le contó a sus amigos porteños -entre los que se cuenta un constructor local, a quien conoció porque está levantando un complejo de casas en terrenos linderos a su campo de Bariloche- que «la gente que trabaja en la planta vive en las más humildes condiciones, trabaja más de 10 horas por día pero está orgullosa de que el pan que llevan a su mesa es producto del sacrificio y del esfuerzo y eso los dignifica. A mí, en cambio, me hizo dar ganas de ayudarlos en todo lo que pueda». Así fue cómo la millonaria heredera de un imperio se convirtió en «cartonera honoraria».
Además, la heredera tiene un gran cliente en la Argentina: Luis Pagani le compra todo el chocolate «crudo» que utiliza en sus productos. Al empresario dueño de Arcor le habría prpopuesto sumarse a la iniciativa para extender la experiencia de José León Suárez a otras cooperativas de cartoneros.


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