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La insoportable levedad del ser
Matías Almeyda sabe que está en la cuerda floja y que depende de los próximos partidos para seguir.
Los hinchas reclaman a Ramón Díaz, que se «muere» por volver a dirigir a River, sobre todo después de sus fracasos en San Lorenzo e Independiente, pero la relación tensa con el presidente parece una traba insolucionable. El segundo candidato es otro que no se lleva bien con Passarella: Marcelo Gallardo, que viene de salir campeón con Nacional, en Montevideo, pero que tuvo una doble relación conflictiva como jugador con Passarella y en su última etapa como técnico, cuando le dijo que no iba «a jugar con enganche» y lo «invitó» a irse, y después, ya presidente, cuando Cappa no lo puso en su partido despedida.
Entonces las alternativas serían otras y surge el nombre de Pedro Troglio, actualmente en Gimnasia y del paladar del Kaiser, pero sin «chapa» para este momento de River. La otra posibilidad es la del técnico de Vélez, Ricardo Gareca, que termina a fin de año su contrato con el club de Liniers. Mientras tanto, Almeyda trata de aguantar y el partido con Racing del domingo puede ser vital, aunque su trabajo debe ser fecha a fecha, buscando revertir la imagen de equipo lagunero que pasa de buenas actuaciones a muy malas. Por lo pronto, los jugadores más importantes lo apoyan. Ayer salieron Leonardo Ponzio y Jonatan Maidana, dos de los referentes, a defenderlo. Del otro lado, Manuel Lanzini dice «no entender» por qué no juega y Luciano Vella se queja de la falta de oportunidades. Almeyda hace dos meses era el ídolo que devolvió a River a Primera; hoy puede ser un fracasado. El hilo del éxito y el fracaso en el fútbol es muy delgado.


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