El entretenimiento ha sido, desde tiempos inmemoriales, una de las actividades más innovadoras del desarrollo humano, y en un presente acelerado como el nuestro, las compañías especializadas en satisfacer -y delinear- ese segmento, hacen ingentes esfuerzos con el fin de establecer una posición dominante. Así, esta semana Microsoft lanzó Avatar Kinect, un software diseñado para su consola Xbox 360 que permite interactuar con otros usuarios con una representación virtual de cuerpo completo, que imita los gestos y las posturas corporales de los usuarios en el entorno cibernético. A unos 30 años de que el cyberpunk literario difundiera este tipo de fantasías, la representación física en esa «alucinación consensuada» que es el ciberespacio, según la definición del escritor William Gibson, comienza a hacerse realidad a nivel masivo. El analista Kurt Scherf afirma: «No creo que Microsoft pretenda con este lanzamiento posicionarse únicamente en el universo de los videojuegos, y me parece que podría incorporar otros aparatos y utilidades para interactuar con el Avatar Kinect, como los DVR o las videoconferencias de negocios. Es algo que la empresa ya ha hecho en Inglaterra, donde un representante apareció como un avatar para conversar sobre programación con los concurrentes.» Las posibilidades de desarrollo parecen ser variadas, y algunos imaginan reuniones virtuales de amigos para ver deportes, capítulos de series u otras actividades de entretenimiento.
Adicionalmente, Scherf está convencido de que el nuevo sistema tiene en la televisión un terreno fértil para prosperar, particularmente en lo que hace al tema de la publicidad y el marketing. «Para los especialistas en marketing y para los anunciantes, la posibilidad de medir interactivamente la reacción del público frente a un determinado aviso puede ser especialmente interesante, y creo que Microsoft puede ofrecer esta herramienta a la gente de ese sector.» Una especie de «minuto a minuto» con guardián virtual, en un mundo que las compañías quieren hacer cada vez más parecido al «1984» de George Orwell.
Horacio Moreno
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