La luz de Miguel Ángel Vidal vuelve a iluminar en notable muestra

Edición Impresa

Fundador del llamado Arte Generativo en 1959, exploró también las posibilidades del movimiento.

El espacio Ungallery presenta "Habitando la luz", exhibición del artista Miguel Ángel Vidal (1928- 2009), creador del movimiento Arte Generativo fundado en 1959 junto a Eduardo Mac Entyre con el apoyo del coleccionista Ignacio Pirovano. Un año antes de promediar el siglo XX, Vidal dejó atrás la quietud estática del arte concreto y emprendió la búsqueda del movimiento. El mundo aceleraba su ritmo y los cambios ópticos de Vidal acompañaban la evolución. La muestra de Ungallery ostenta la llamada "calidad museo", y se abre con un móvil de 1966. Una pirámide transparente de acrílico grabado color naranja flota en el espacio suspendida desde el techo.

Con su arte complejo y revolucionario, Vidal recién ganó en el año 2000 el Gran Premio del Salón Nacional, el mayor reconocimiento que se otorga a los artistas. Cuenta su hijo, Alejandro, que Julio Le Parc, integrante del jurado, propuso a Vidal para el Gran Premio de Pintura. Desde la retrospectiva, resulta ineludible reconocer el aire de familia que une a Vidal y Le Parc. Ambos coinciden en el modo de percibir el hecho estético como un caudal que fluye, en permanente movimiento, al igual que la vida. Ambos, también, aunque Le Parc vivía en París, fueron pioneros al incorporar la luz y los materiales que aportaban las nuevas tecnologías.

La obra de Vidal suele asociarse a la de Carlos Silva, Polesello, Ary Brizzi o Mac Entyre, (que supo popularizar su imagen con múltiples serigrafías), pero entre las casi 20 obras reunidas en Ungallery por la curadora Cristina Rossi, figura la pintura en blanco y negro "Centro de Voluntad" (1984). La potente imagen induce a recordar las instalaciones luminosas de Le Parc que, abandonadas durante décadas en un desván y rescatadas a partir de los años 90, se expusieron en el Malba. Vidal trabajó en el CAyC con el software de las computadoras IBM cuando recién surgía el mundo cibernético, práctica que se sumó a la experiencia en el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales. A partir de estas actividades multidisciplinarias, las matemáticas ingresan en el universo de Vidal. Así surgió la serie Topológica. Un capítulo de la muestra está dedicado a las cajas de acrílico y metal donde, desde mediados de los años 60 y hasta los 80, Vidal trabajó el color y la luz en 3D. De este modo ingresó en el universo real de las tres dimensiones e incorporó el tiempo como elemento esencial.

Hay una caja de acrílico verde denominada "Módulo Topológico Reversible" (1979). Su interior es de aluminio y está dividido en bandas cóncavas y convexas que refractan la luz. La intensa luminosidad verde es producto de la combinación de las luces azules y amarillas en el interior de la caja. A partir de la experiencia digital, como un precursor, Vidal realizó tintas sobre papel que parodian el volumen y tres obras ingresaron en la colección del Victoria & Albert de Londres. Simultáneamente utilizó las 3D en una bellísima serie de dibujos en papel. El "Homenaje a Turner", una serie de bandas convexas blancas y rojas sobre fondo negro, o "El resplandor", una tinta color violeta, seducen con su moderada sencillez.

Acaso menos conocidas que sus primeras pinturas generativas, los radiantes cuadros de colores pálidos de la década del 90 cierran la exhibición. Ya en su madurez el artista vuelve a configurar abanicos con las líneas generativas y un estilo personal e inconfundible. Pinta con aerógrafo luminosas transparencias con colores rosas, celeste y malvas. El blanco resplandece sobre los verdes y el dinamismo de un sinfín de rectas cruza la superficie rosa del cuadro "Romántica energía". La paleta de colores pastel es una osadía para cualquier pintor, pero Vidal demuestra que su atrevimiento tiene una razón de ser: la pintura de colores claros irradia vibraciones inmateriales, brilla como un diamante.

Vidal comenzó su carrera muy joven, trabajó por la noche para poder estudiar de día. Y su capacidad de trabajo no aminoró con los años. Conoció el éxito pero nunca abandonó la docencia. Fue profesor de dibujo desde los años 70 en la escuela Prilidiano Pueyrredón, donde llegó a ser rector, y luego, profesor de pintura de la escuela Ernesto de la Cárcova.

Dejá tu comentario