La monumental obra de Alicia Penalba tiene al fin su muestra

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EL MALBA DEDICA LA PRIMERA EXPOSICIÓN EN EL PAÍS A LA GRAN ESCULTORA, FALLECIDA EN 1982 - Reconocida antes en Nueva York y París que en Buenos Aires, la revolucionaria artista argentina se consagró a fines de los 50 en la Bienal de Kassel. Sus abstracciones evocan lo gótico y la naturaleza.

La escultora Alicia Penalba (1913- 1982) tiene finalmente en el Malba la exposición antológica que su poderosa obra merece, la primera en un museo argentino. Alrededor de 40 piezas y el trabajo de investigación de la curadora del Museo, Victoria Giraudo, permiten rescatar del olvido a una artista fascinante, dueña de un estilo inconfundible y una trayectoria admirable. La exhibición comienza en la explanada de ingreso al Malba con cuatro esculturas monumentales, tres tótems cuya verticalidad contrasta con las líneas horizontales de una cuarta figura alada.

Penalba conoció durante su infancia las formas de la naturaleza, formas que se vuelven difusas pero se perciben, aun en las obras plenamente abstractas. La ambigüedad de los tótems trae el recuerdo de los grandes árboles y también, a la vez, de las catedrales góticas que se elevan hacia el cielo para trascender lo terrenal.

Nuestra artista nació en una población bonaerense, estudió arte y poco más se ha escrito hasta hoy sobre los años de su juventud, signados por la violencia, la muerte y el suicidio de sus hermanos. Tragedia que Penalba deja atrás. Ella renace, en el sentido literal del término, en 1948, cuando gana una beca para estudiar en París. Allí se transforma y comienza su verdadera vida. "O triunfo o me mato", escribía entonces. Y lo cierto es que triunfó.

Victoria Giraudo señala el retrato que le hizo Matisse, agrega que en París concurre al taller del escultor Ossip Zadkine, autor de obras cubistas, tendencia que la artista abandona en busca de un lenguaje propio. Penalba confiesa su amor por las líneas de Brancusi, Arp y Giacometti y así abraza la escultura, materia determinante de un cambio radical que supera el orden estético. La artista cambia su firma, ya no es más Pérez Peñalba; abandona a su marido; escribe sus cartas en francés y destruye toda su obra figurativa antes de inaugurar un taller en los suburbios de París.

En 1952, convertida en una escultora abstracta con ideas de izquierda y contrarias al peronismo, pierde su beca. Pero se las ingenia para insertarse en el ambiente de París. En 1955 llega a exponer en el Guggenheim de Nueva York y dos años más tarde tiene su primera individual en París. Hay en la muestra una escultura llamada "Crisálida" cuyas formas aladas se abren rítmicamente para recibir la luz, mientras esconden, en el centro de la obra, una opaca y densa oscuridad.

La consagración de Penalba llegaría muy pronto: en 1959 participa por primera vez de la II Documenta de Kassel y en la Bienal de San Pablo de 1961 gana el Premio Internacional. El Museo Kröller-Müller de Holanda organiza su primera retrospectiva itinerante. Comienza a realizar entonces esculturas monumentales, como el conjunto de la Universidad de St. Gallen, Suiza, o el gran relieve de poliéster dorado para el museo al aire libre de Hakone, Japón. Los "bosques mágicos" de Penalba, los mismos que reciben hoy al visitante de la muestra del Malba, entablan relación con las junglas de Wifredo Lam y el misticismo surrealista de Matta.

En 1968 el Museo de Arte Moderno de la Ville de París expone "Tótems et tabous. Lam, Matta, Penalba", y en 1977, el mismo Museo presenta una gran retrospectiva de la artista argentina. En los años 70 Penalba abre un taller en Pietrasanta, Italia, para trabajar con los fundidores a quienes encarga sus bronces monumentales para espacios abiertos. Su obra, sin perder un ápice de sensibilidad, se torna majestuosa.

Nuestra artista, sin otra herencia que la visión del paisaje, procesa el primitivismo del arte africano, corporiza la energía de los vientos patagónicos, la topografía desértica, la negritud de las piedras y el erotismo. Transforma todo en un producto personal y conquista con su arte a los espectadores del mundo. Estaba en la cumbre de su ascendente carrera, cuando en 1982 muere en un accidente.

Con el aporte del Archivo Alicia Penalba, se exhiben porcelanas, joyas, tapices, fotos y documentos que completan su obra, y se realizó un film documental donde se muestran los monumentos en espacios públicos imposibles de trasladar.

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