15 de diciembre 2008 - 00:00

La neo-Concertación mezcla extremos: Rico y Yasky

Aldo Rico, Alberto Balestrini y Hugo Yasky
Aldo Rico, Alberto Balestrini y Hugo Yasky
En dos turnos, entre el PJ y la neo-Concertación, Néstor Kirchner estrenará la temporada electoral de 2009: lo hará en intensas 24 horas, primero con una bendición casi íntima a la cúpula del peronismo de Buenos Aires y luego con un show de la versión remozada de la transversalidad K.
Se moverá entre Gaspar Campos y La Plata. Hoy, en la casa que habitó Juan Domingo Perón al regreso de sus 18 años de exilio, ungirá a Alberto Balestrini como flamante comandante de la formidable -e imprescindible- maquinaria junta (y cuenta) votos que es el PJ bonaerense.
Mañana, en el Teatro Argentino, amontonará a la reconfigurada Concertación Plural posresolución 125: sin Julio Cobos ni Felipe Solá, sin algunos piqueteros K ni ciertas versiones de la progresía autóctona.
La tribuna se inundará de gobernadores, ministros, legisladores, alcaldes y funcionariato variopinto. Esos huecos -se trata del vicepresidente y el primer diputado por Buenos Aires del FpV en 2007- los ocuparán sin alfombra roja ni reflectores los arrimados recientes a la aventura K: el ex carapintada Aldo Rico; o Paola Spátola y Eduardo Lorenzo «Borocotó», oportunos para el quórum y la aprobación.
Quizá a ese tumulto se acople, con reservas, Hugo Yasky: sobre el jefe de la CTA, casi una obsesión personal de Kirchner, se desplegó un juego de seducción y conquista para treparlo al tren oficial.
La hipótesis de un duelo «de modelos» y la alineación con eso que la mística K insiste en definir como «campo popular».
Esa experiencia Nac & Pop todo lo asimila: Hugo Moyano, los barones ex duhaldistas del conurbano, Luis D'Elía, socialistas sin partido, Rico, ex chachistas del Frente Grande, Gerardo Zamora, ahora amables -tras cumbre de Bergoglio con Cristina- demócratas cristianos, Yasky, guevaristas tardíos, Graciela Ocaña y Daniel Scioli.
En persona, en soledad, Kirchner se pondrá al frente del procedimiento de reconfiguración de la transversalidad. Su esposa, Cristina de Kirchner, no estará ni en la jura de peronistas ni en la gala en el Teatro Argentino: estará en Brasil para la cumbre del Mercosur.
En Casa Rosada no se prevé que participe la Presidente. Pero nunca se sabe: quizá regrese a tiempo y quiera, con su marido, declarar abierta la fundamental temporada electoral 2009 en el Teatro Argentino.
El lugar arrastra sus simbolismos. Desde esa sala, el kirchnerismo puso en marcha las jugadas de más impacto: allí, en 2005 y 2007, la dama se lanzó como candidata primero a senadora y luego a presidente. ¿Por cábala, siquiera de manera oficiosa, se alumbra la postulación de Kirchner?
Por lo pronto, las tropas que intendentes, jefes sindicales y piqueteros planean reunir en torno al teatro, portarán premeditados carteles impulsando al ex presidente como candidato para el año próximo.

Planos

Entre la despedida del peor año de los Kirchner y los preparativos para un ciclo y turno electoral que puede condenarlos, el patagónico seguirá una secuencia de shows partidarios, continuidad del raid de anuncios que hoy redondeará su esposa con el megaplán de infraestructura.
Los movimientos de Kirchner operarán en tres planos:
c En Gaspar Campos, esta tarde, coronará a Balestrini y a los 47 consejeros provinciales que, sin rivales, fueron electos en las internas del 30 de noviembre pasado. Entre ellos estarán Moyano, Florencio Randazzo y Aníbal Fernández, Hugo Curto, José María Díaz Bancalari, Raúl Othacehé, José «Pepe» Pampuro y Mario
Ishii, entre otros tantos. De cerca, Kirchner asistirá a la disputa silenciosa por el reordenamiento del PJ que pretende el vice de Scioli con la conformación de una «mesa chica» donde, además del ex presidente, estén delegados de las ramas juvenil, sindical -¿la excusa para «sentar» a Moyano y desplazar a Curto?- y femenina. Una forma, nada sutil, de tratar de correr del teórico comando de decisiones a los pesos pesados del partido. Como si no le importara, Kirchner se limitará a una presencia sobria.
c La jugada más pretensiosa se reserva para mañana: en el Teatro Argentino de La Plata, sobre el atardecer, donde quiere reunir a 2.000 dirigentes de todo el país que aporten al «proyecto nacional y popular» del que, con su esposa, se creen ideólogos y ejecutores. Además del PJ como eje neurálgico de ese espacio, empezó el operativo para arrimar a algunos radicales K -estarán el santiagueño Zamora y el rionegrino Miguel Saiz-, sectores de la gauche K que todavía perduran, algunos piqueteros amigos, más Carta Abierta, la CGT oficial y, si puede, el ala de la CTA filokirchnerista, entre los que cuentan -con rigor o no- a Yasky. Con esa presentación de la neo-Concertación, diezmada y con ausencias, Kirchner busca reinstalar la idea de que no es sólo peronismo lo que lo sostiene. Corre, eso sí, un riesgo: la primera Concertación, que alumbró a Cobos, tropezó feo; y como reza el dicho cinéfilo, las segundas partes nunca fueron buenas.
c La tercera escala, sin su presencia, será el sábado próximo al mediodía en el ND Ateneo: allí, un colectivo de grupos piqueteros, organizaciones ecologistas, movimientos campesinos e indigenistas, además de partidos políticos menores, presentarán la Central de Movimientos Populares (CMP), una especie de CGT piquetera, que ese mismo día elegirá a Luis D'Elía como su secretario general, escoltado por dos adjuntos: Gastón Arizpe (Octubres) y Hernán Letcher (Segundo Centenario). Ayer, por segunda vez en un mes, D'Elía pasó por Olivos para verse con Kirchner. Fue a buscar la venia para hacer el lanzamiento de esa central política, paralela y seguramente antagónica a la CGT y la CTA, que tendrá como referencia indiscutible al kirchnerismo. El patagónico dio su visto bueno: esa tropa contribuirá a conformar el bloque de respaldo callejero que el ex presidente considera imprescindible para enfrentar, con custodia, 2009, año que imagina agitado en materia política y social.

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