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La noche de Salgán y Alberto Ginastera
El Festival Barenboim en el Colón continuó con un emotivo tributo al compositor de “Bomarzo” y al creador de “A fuego lento” y otros clásicos.
DINASTÍA. Michael y Daniel Barenboim en el Teatro Colón.
En la primera parte, Michael Barenboim fue el solista del endemoniado concierto para violín opus 30 de Ginastera. La obra, lamentablemente menos frecuente en los programas que otras de su catálogo, está astutamente estructurada como una sucesión de estudios para diferentes aspectos de la técnica violinística: acordes, terceras, arpegios, armónicos, y hasta incluye un guiño a Paganini. Bajo la guía de su padre, Michael brindó una versión técnicamente impecable; si bien puede decirse que se trata de un músico más "cerebral" que pasional, es cierto que esa cerebralidad está en perfecta sintonía con el lenguaje y el espíritu de la música de Ginastera. La obra plantea también a la orquesta numerosas y constantes dificultades que la West-Eastern Divan no tuvo inconvenientes en resolver.
Después del intervalo, y antes de que la Orquesta hiciera su ingreso, Barenboim tomó el micrófono para anunciar como sorpresa la actuación del Quinteto Real, la formación emblemática de Horacio Salgán, ahora encabezada por su hijo César. Más allá de la indudable emoción que conllevó la presencia del ensamble, el "miniconcierto" fue una verdadera fiesta de música y camaradería, de la mano de tres tangos de otros autores: "Recuerdo", "Canaro en París" y "El amanecer".
Salgán hijo permaneció en el piano para sumarse a la West-Eastern Divan. Desfilaron así tres grandes temas de don Horacio: "Don Agustín Bardi", "Aquellos tangos camperos" y "A fuego lento", tal vez la versión más lograda de las tres. Como bis, y probablemente también como homenaje a otro grande del tango, los músicos brindaron la siempre festejada versión de la milonga "El firulete", de Mariano Mores.


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