24 de enero 2011 - 00:00

La novela del vice sciolista y el acoso a la cofradía bonaerense

Aníbal Fernández
Aníbal Fernández
«Si tumban a Aníbal, después van por Florencio y Julián. Se almuerzan a uno y después se cenan a los demás». No es casual la metáfora caníbal: ilustra la voracidad del pingüinismo que desgajó el poder de Fernández y que no solo buscó destronarlo, sino también usar su caso para transmitir una advertencia.

No es casual que, en la peor hora del quilmeño, el único ministro que se animó a negar los cambios en el gabinete -al margen del implicado- haya sido Randazzo, que arrastraba una larga disputa metodológica y política con el jefe de Gabinete pero que, ante la embestida, irrumpió en su defensa.

Esa reacción lo expuso a críticas del búnker ultra-K que, la semana pasada, también se disparó contra otro cacique: el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, a quien limaron con el protagonismo que Cristina de Kirchner le dio a María del Carmen Alarcón en su viaje a Medio Oriente.

Antes, la «razzia» contra Aníbal F. llegó con su onda expansiva hasta Julio Alak que, un martes de diciembre, presentó su renuncia -rechazada por la Presidente- a pesar de que su desembarco en Justicia tuvo, en su origen, más que ver con el largo manto de Julio De Vido que con el de Fernández.

El acoso contra la cofradía bonaerense lo opera el bloque pingüino que reúne a De Vido, Carlos Zannini y, un escalón atrás, al jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga. La incógnita es si esa avanzada fue promovida por Cristina de Kirchner, tiene un guiño de ésta o responde, simplemente, a lógicas de equilibrio.

El interrogante permite, por ahora, solo respuestas parciales. Fue la Presidente la que digitó y disputó el desfleque de Aníbal F., pero, en simultáneo, suele prodigar elogios a Domínguez y a Randazzo. Otro dato es contundente: en el círculo áulico de la Presidente no hay ningún dirigente del PJ bonaerense.

Sería una falsedad creer que Icazuriaga, por nacer en Chivilcoy -como Randazzo y el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, entre otros-, computa como bonaerense. Mudado a Santa Cruz se ató a los Kirchner y gracias a ello fue gobernador, legislador y multifuncionario.

Es más: ni siquiera, como el rionegrino Carlos Soria (que antes de ser intendente de General Roca, fue ministro de Eduardo Duhalde en La Plata, diputado nacional por la provincia y, sirva la paradoja, jefe de la SIDE durante el interinato duhaldista), Icazuriaga fue adoctrinado en la escuela del peronismo de Buenos Aires.

Señal

Hay que bucear en el segundo o tercer anillo de influencia del cristinismo para encontrar originarios de ese territorio que Néstor Kirchner planeó, desde el primer momento, desarticular y conquistar pero que nunca, en realidad, logró adiestrar plenamente. La rebeldía de Scioli y caciques, antes de su muerte, fue una señal inequívoca de eso.

Por eso, como antes su esposo, Cristina alimenta una camada de «homo bonaerensis» -según la simpática definición «antropológica» de Ramón Puerta sobre las tribus del peronismo- desvinculada, aunque no plenamente, de la guardia histórica. El relato K se obstina en ubicar allí a, entre otros, Amado Boudou y Diego Bossio.

El embate contra los bonaerenses del gabinete parece, por ahora, cauterizado. El saqueo de los resortes de poder que sufrió Aníbal F. tendría, se afirma en Gobierno, un freno y siquiera por el momento, seguiría en su cargo. Se especuló con su salida antes del viaje de Cristina a Oriente. A su regreso, al parecer, no habría novedades.

El acoso a los formados en las academias del PJ bonaerense, que tienen como primer faro la preservación de la provincia, tiene otro ring: la disputa, por momentos frenética, por la definición de quien será el vice de Daniel Scioli en la fórmula con la que, eventualmente, buscará su reelección.

El gobernador, la última semana, dio algunas pistas, no definitivas, pero sí inductivas. Faltó al show que montó su ministro y aspirante a vice, Baldomero «Cacho» Álvarez, en Pinamar, pero se apareció en el encuentro que armó el Partido de la Victoria, con Diana Conti y Aldo San Pedro, además de los evitistas Emilio Pérsico y Fernando «Chino» Navarro, en Mar del Plata.

En estas horas, además, recibirá en reserva a Edgardo Depetri, ordenador del Frente Transversal. Scioli montó un dispositivo de alerta temprana para detectar quejas o rebeldías. Depetri sugirió en varias mesas -este diario lo escribió hace dos semanas- que si el gobernador no contiene a la progresía K, hay que explorar un acuerdo con Martín Sabbatella.

Además de tratar de desactivar ese foco crítico, el gobernador entrevió una virtud en esa perdigonada: tener, como dos en la boleta, a un kirchnerista del perfil «progre» sería la emboscada perfecta para sacarle protagonismo y entidad a la boleta bis, patrocinada por la Casa Rosada, de Sabbatella.

«Si el vice de Scioli es un ortodoxo del PJ, Martín tiene un margen amplio para operar. Pero si es un progre, se le va a complicar», interpretó uno de los armados de la Corriente Nacional de la Militancia (CNM), clan que este jueves se reunirá en Mar del Plata con el gobernador como orador vip.

Analogía

Hay otro argumento, referido a las compensaciones, y que remonta un registro histórico. «Si en el 73, la fórmula no podía ser Bidegain-Bidegain, ahora no puede ser Calabró-Calabró». Refiere, claro, al binomio que ganó la provincia aquel año e integraron Oscar Bidegain, ligado a La Tendencia, y el metalúrgico Victorio Calabró.

Se atribuye a Gustavo Cardesa, jefe del Partido Intransigente (PI), la analogía que ubica, indisimuladamente, a Scioli en el casillero de la derecha para reclamar la vice para un «peronista de izquierda» o «un progre K».

Así como un sector del Gobierno postula a Gabriel Mariotto para segundo de Scioli -se habla de su «buen momento» con Cristina ya que ésta, se afirma cerca del lomense, habría tomado su idea de conformar una oficina única para manejar la relación con los medios y hasta le habría, antes, ofrecido a él el lugar que luego ocupó Juan Manuel Abal Medina-, otros, en carreras propias, animan otros nombres.

Son, sin embargo, víctima de sus palabras. La idea que patentaron Pérsico y Navarro, respecto de que debe ser la Presidente quien defina al segundo de Scioli, parece contradictoria con su apuro por proponer nombres. El atajo es simple, pero parece descabellado: llevarle a la Presidente una terna de postulantes a vice.

Dos de esa hipotética terna suenan hace tiempo: Jorge Taiana, con soporte del Movimiento Evita -que, igual, propone a Navarro para ese lugar- y Francisco «Barba» Gutiérrez, intendente de Quilmes, dirigente de la UOM y rara avis que controla el PJ de su distrito pero, a su vez, se desmarca del peronismo clásico.

Un pelotón de referentes, comandados por Julio Pereyra y el ahora funcionario Juan José Mussi, comenzó a empujar para instalar en la grilla a otro proto-K: Carlos Kunkel, alternativa que alguna vez, antes de recurrir a Alberto Balestrini, evaluó Kirchner para ubicar como «comisario» de Scioli.

La formulación de no imponer un «Calabró-Calabró» excluye de la carrera por la vice, en la interesada construcción del kirchnerismo no PJ, a Randazzo y a Domínguez, otros rivales desde siempre, que ahora, con Aníbal, conformaron una alianza implícita de protección mutua. Para no ser el plato principal de un banquete que disfrutan otros.

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