Tras el acuerdo alcanzado entre EE.UU. y Rusia para desmantelar el arsenal químico sirio, la coalición exigió en un comunicado que se impida al régimen sirio "utilizar la firma de la Convención Internacional para la Prohibición de las Armas Químicas como un pretexto para continuar matando al pueblo sirio y escapar del castigo".
La CNFROS solicitó que la prohibición de usar armas químicas se extienda a otros arsenales. "Los ataques químicos son parte de un complot más amplio de los crímenes contra la humanidad que comete el régimen de Bashar al Asad", aseguró la alianza opositora, que insistió en la necesidad de llevar ante los tribunales internacionales a los responsables de ese tipo de acciones.
Asimismo, pidió a los países árabes y a aquellos que forman el llamado grupo de los Amigos de Siria que apoyen militarmente a la oposición para que puedan hacer frente a las fuerzas de Al Asad y obligar al régimen a aceptar una solución política. El régimen y los rebeldes se acusan mutuamente de haber empleado armas químicas en el ataque del pasado 21 de agosto que dejó más de 1.400 muertos.
La negociación que se abrió posteriormente, que llevará al desmantelamiento del arsenal químico sirio y que evitará los bombardeos aliados, cayó muy mal entre los combatientes rebeldes, que veían en ese eventual ataque un modo de mejorar su situación frente a las fuerzas del régimen.
"Estados Unidos dijo al mundo que bombardearía Siria, pero después le dio miedo", afirmó en Alepo Abed Al Kaderi Asashe, un jefe militar de las fuerzas rebeldes que considera el acuerdo como "una cortina de humo" para evitar una intervención militar.
Mientras la diplomacia decide el destino de Siria, en Alepo dos de las unidades militares más importantes de los rebeldes -Liwad Al Tawid y Liwad Al Fatah- decidieron unir sus fuerzas en un acto celebrado en la base militar de Al-Moshat (Alepo) ante 300 soldados.
Juntas, las dos unidades cuentan con cerca de 13.000 soldados desplegados por todo el país y, aunque no esperan nada de Occidente, ofrecen su mano en caso de un hipotético ataque. "No queremos el ataque, pero si éste se produce, Estados Unidos encontrará un aliado muy poderoso", afirmó Abu Twfeka, representante de Liwad Al Fatah.
En Alepo todas las tertulias giran en torno a la no intervención de EE.UU. contra el régimen de Al Asad. "Ahora Rusia y Estados Unidos decidieron que Siria entregue su arsenal de armas químicas. No es más que una cortina de humo que tiene como objetivo final que Israel, con su arsenal, termine convirtiéndose en la única superpotencia en la región", enfatizó Al Kaderi Asashe.
"A la comunidad internacional le da igual lo que ocurra en Siria, si realmente le importaran los sirios habrían intervenido hace mucho tiempo. A pesar de los 100.000 muertos que dejó la guerra, ahora deciden darle más tiempo a Al Asad", comentó Abu Feras, jefe de relaciones públicas de Liwad Al Tawid.
"Los sirios nos encontramos en medio de un juego que no entendemos. Rusia y Estados Unidos están probando quién es más fuerte mientras Al Asad aprovecha para continuar con sus ataques a hospitales y civiles", señaló, por su parte, Abed al Azieez Saleme mientras observaba cómo sus hombres desfilaban subidos en varios tanques y gritando "Aláhu Akbar" ("Dios es grande").
| Agencias EFE y AFP, y Ámbito Financiero |


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