20 de marzo 2012 - 00:00

La pasión arranca de chicos

Si bien no recuerdo la primera vez que toqué un balón de rugby -por una foto sé que fue antes de los tres años- tengo bien claro mi primer partido competitivo. Contra quien fue, de qué jugué. Siguen conmigo a pesar de las poco mas de tres décadas de ese debut imágenes y hasta lo fuerte del latido en el pecho.

A ese partido le seguirían cientos otros que sí se mezclan en el recuerdo de una vida junto al rugby.

Los hubo mas importantes que otros, debuts o momentos importantes que siempre tienen un valor especial en el banco de imágenes personales.

Daría mucho por volver a jugar, aún cuando la evolución en los últimos 20 años me hace dudar de si podría hacerlo en este rugby actual. Pero sirve para mitigar la ausencia el acompañar a mis hijos a empezar su carrera deportiva. Son tres varones de entre 11 y 5 años que en casa disfrutan de una vida sin mayores complicaciones; para eso estamos los adultos.

Lamentablemente el mas grande opta por no jugar rugby. Si bien está en edad de que las decisiones las tomamos los adultos, es claro que el rugby al ser un deporte de contacto puede atraer tanto como ahuyentar a quien lo practica en función del convencimiento o las ganas que tenga. Prefiero que juegue cuando sus intereses se bifurquen, aparezcan opciones en su vida que hagan que la vida sana sea la mejor variante.

El sábado pasado tuve mi primer día de rugby infantil de esta temporada con el mas pequeño de mis hijos. A sus cinco años ya van dos que los sábados que la familia puede va al club y corre detrás de una pelota de rugby. Juega, se divierte, está al aire libre y de a poco abraza este deporte. Lo importante es que haga deporte, el que haya elegido. El que elegí yo es mejor aún.

Allí iban corriendo 35 chicos menores de 6 años para la delicia de sus padres. Seis entrenadores/padres ya tenían diagramada la actividad; el campo de juego estaba marcado, las reglas eran claras.

Sin notarlo, los chicos aprenden mucho mas que las habilidades para jugar bien al rugby. No es el orden absoluto -controlar 35 niños que apenas si saben leer es duro- la alegría que devuelven hace que valga el esfuerzo de todos. Termina la actividad y todos juntos se acercan a un quincho para el tercer tiempo. Tan obligatorio como los ejercicios. Es una parte clave de nuestro juego y que

padres y chicos lo aprendan a tan temprana edad es lo que hace a nuestro deporte tan distintivo.

Mi segundo hijo jugó de visitante. Me toca ir a verlo este fin de semana. Él también disfrutó su día de rugby. A veces me pregunto qué recordarán de su primer partido o si será el recuerdo de una infancia feliz.

Tengo que buscar la forma de convencer a mi hijo mayor para que vuelva a jugar rugby.

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