La película chilena entusiasmó a un aún desangelado Berlín

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TM Berlín - Un festival bien aceitado como esta 63a edición de la Berlinale revela inmediatamente el perfil característico de sus secciones más establecidas: Competencia, Foro y Panorama. Lo experimental y temáticamente controvertido, de corte político y sexual, se reparte entre los dos últimos, mientras que la carrera por los osos de oro y plata abre la pista a primeras y segundas películas, a directores consagrados, y también a países de cines emergentes. La oferta representativa este año es una realizadora polaca, un cine de autor norteamericano y Kazajistan, la exrepública soviética de Asia Central. Un cierto riesgo experimental -y también la promesa de estrellas que visiten un frígido Berlín- es de rigor, para mantener un nivel comparable al prestigio de Cannes y Venecia.

En el hasta el momento flojo panorama general, ayer la chilena «Gloria» de Sebastián Lelio fue recibida con calurosos aplausos y ya se la destaca como una posible candidata al palmarés. El film observa con optimismo la lucha de una mujer madura (interpretada por Paulina García), para encontrar su lugar en la sociedad.

Tras los primeros cuatro días de la muestra, se espera que aparezcan otros platos fuertes en la segunda mitad.

«En el nombre de .», de Malgoska Szumowska, investiga la personalidad y obra de un sacerdote polaco, que trabaja con muchachos de reformatorio en un pueblo de provincia. Hombre atractivo, con vocacion sincera y sermones elocuentes, el protagonista lucha contra tendencias homosexuales, en medio de una gran soledad espiritual. Rodada en exteriores, utilizando eficazmente extras locales, y sin abrir juicio, la película ofrece un retrato visualmente estilizado (el sacerdote es un Ecce Homo en escorzo en escenas clave) con las aristas polémicas suavizadas. Aunque las simpatías de realizadora y co-guionista no se inclinen por el celibato sacerdotal, la pintura de una crisis spiritual y humana está propuesta con sinceridad y final abierto, anclada en la estupenda interpretación de Andrzej Chyra.

Lo polemico es político en «Promised Land», de Gus Van Sant, llamado por Matt Damon, productor y protagonista, para dirigir un drama centrado en el impacto del «fracking», la obtención de gas natural con perforación y químicos, en una comunidad rural. Representando a una compañía poderosa, Damon es un personaje típico de Frank Capra, que se transforma de villano en héroe al ver in situ las consecuencias del capitalismo sin rostro. Enancado en debates ecológicos y corporativos en el candelero, «Promised Land» es un thriller simpático y deslavado, que pronto reemplaza el «fracking» con un romance predecible.

El juego con los géneros cinematográficos es central en la desopilante aunque derivativa comedia policial «La muerte necesaria de Charlie Countryman», un prolongado music video surrealista y rockero que hubiera deleitado a Buñuel. La lógica del relato es onírica y sigue las aventuras absurdas de un norteamericano infeliz desnortado en Bucarest (Shia LaBeouf) a quien seduce una femme fatale punk (Evan Rachel Wood) y persiguen mafiosos enardecidos. Las convenciones del policial estan manipuldas a la Tarantino por Fredrik Bond un director sueco de publicidad que desconoce el trípode y propone una narrativa circular con vuelta de tuerca y final feliz.

El western alemán «Gold» rinde prosaico homenaje a las convenciones del género, en este caso la odisea de un grupo de alemanes en busca de oro a finales del siglo XIX, filmada en impresionantes escenarios naturales canadienses . Pero queriendo hacerlo a la manera de los clásicos estadounidenses -el director Thomas Arslan citó específicamente la obra de Budd Boetticher- «Gold», quizás a pesar suyo, termina siendo un western revisionista a la manera de Robert Altman y Arthur Penn, y más recientemente Meeks Cutoff.

La comedia dramática minimalista «Paraíso: Esperanza», del enfant terribe austríaco Ulrich Seidl ilumina por qué Freud tuvo en Viena un terreno fértil para sus investigaciones, en este caso, la gordura de una adolescente internada en una clínica para bajar de peso. Enhebrando tomas implacablemente largas, con mínimo diálogo o conversaciones absurdas, fotografiando con crueldad cuerpos obesos y primeros planos de adolescentes hipersexualizadas, el director ofrece una crítica implacable a una sociedad basada en el «look», que reprime en sótanos mentales lo que no se puede aceptar. «Paraíso: Esperanza» es la tercera película en una trilogía titulada irónicamente «Paraíso: Amor y Paraíso: Fe», presentadas en las ultimas ediciones de Cannes y Venecia. Es un mazazo a la complacencia e hipocresía, que el director fustiga en la sociedad austríaca de hoy. En la conferencia de prensa, Seidl anunció que su proximo trabajo es un documental llamado precisamente «Keller, el sótano». La crítica feroz de Seidl funciona eficazmente, como el cine de su compatriota Michael Haneke, porque estiliza sin misericordia lo feo y absurdo.

La coproduccion franco-alemana «La religiosa» «aggiorna» un panfleto anticatolico del siglo XVIII dándole un sesgo léñsbico, para poner de relieve su mensaje de libertad, universal y contemporáneo, según explicó con toda seriedad su director Guillaum Nicloux en la conferencia de prensa.

Hay expectativas por los films de Steven Soderbergh, Bruno Dumont, Richard Linklater y Bille August, figuritas conocidas. Y hasta puede dar una sorpresa la película de Kazajisstán.

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