5 de noviembre 2010 - 00:00

La peña de Olivos, la usina K que trata de perdurar

Cristina de Kirchner bromea con Daniel Scioli, durante un acto en Mar del Plata, por el cierre de los Juegos Evita.
Cristina de Kirchner bromea con Daniel Scioli, durante un acto en Mar del Plata, por el cierre de los Juegos Evita.
Luego del fútbol, asado de por medio, eran un clásico K: con Néstor Kirchner como anfitrión, se estiraban hasta la madrugada, y servían como indicador riguroso sobre el ánimo que, a cada viernes, el ex presidente tenía respecto de funcionarios y dirigentes.

Tres figuras, el secretario de Legal y Técnica, Carlos «Chino» Zannini, el jefe de la SIDE, Héctor «Chango» Icazuriaga, y el secretario de Obras Públicas, José López, eran el staff estable de la peña de los viernes en Olivos que sumaba, según el humor de Kirchner, a otros invitados.

En el último tiempo, el jefe de Gabinete Aníbal Fernández y el titular de la ANSES, Diego Bossio, tenían reservados sus lugares. También era un huésped habitual el ministro de Economía, Amado Boudou. A veces, se sumaban el senador Nicolás Fernández y el diputado Gustavo Marconato.

Rotativos, ocasionales, aparecían Francisco «Paco» Larcher, señor 8 de la SIDE, el vice de Planificación Roberto Baratta, el vocero Alfredo «Corcho» Scocimarro, el diputado Fernando «Chino» Navarro, el legislador Juan Cabandié y el titular de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde.

Estos dos jóvenes mecanizaron, en esas rondas, su vínculo con Máximo Kirchner, que en las ocasiones en que se quedaba en Olivos también se sentaba a la mesa, al igual que Rudy Ulloa, que reapareció en los últimos días por algunos circuitos hiperkirchneristas.

Ultrarreservado, lo que se discutía en esas sobremesas -que más de una vez se estiraron hasta el amanecer- quedaba encriptado. Celoso de la confidencialidad, Kirchner advertía que si algo se filtraba él detectaría al responsable de la fuga de información.

Sergio Massa fue víctima de ese castigo. El mismo consistió en ensalzar a Boudou, por entonces al frente de la ANSES e histórico amigo y colaborador del ex jefe de Gabinete. Con picardía, Kirchner le enviaba mensajes a Massa a través de Boudou. El tigrense ardía.

Rara vez Cristina de Kirchner -aunque cenaba- estiraba su medianoche en esas charlas de caballeros. ¿Lo hará ahora, cuando algunos de los habituales partícipes de la peña de los viernes en Olivos sondean la posibilidad de retomar esa cita que instauró el patagónico?

Parece, a simple vista, prematuro. Por lo pronto, según confiaron anoche en la Casa Rosada, la Presidente podría volar al sur a media tarde luego de encabezar el acto de presentación del modelo 408 de Peugeot en la planta de esa automotriz en Tres de Febrero.

No estaba, sin embargo, confirmado. En la cercanía de Cristina de Kirchner se decía, por otro lado, que prefería no regresar por un tiempo ni a El Calafate ni a Río Gallegos. Una cuestión anímica, claro.

Contraseña

Si vuelve la peña, ¿se repetirá aquel elenco estable? Más allá de la destreza futbolística -varios, aunque eran invitados al partido, no eran portadores de la contraseña para quedarse al asado; los secretarios, en tanto, cenaban en otra mesa-, la convocatoria que hacía Kirchner tenía una lógica peculiar. Quizá la idea de reconstruir esos encuentros trasnochados no sea más que una especie de homenaje al ex presidente y no logre, luego, la continuidad -e intensidad- que tenían cuando el anfitrión era Kirchner. Estar en esa mesa significaba un halo de pertenencia.

Y sobre todo, esos encuentros tenían el sello del patagónico, con una mezcla de distensión, chistes ácidos y análisis político.

En principio, más allá de las sugerencias, no parece que la peña se reactive en estas horas. Al menos dos de los comensales asiduos confiaron anoche que no estaba previsto un encuentro para esta noche en Olivos.

Por lo pronto, la Presidente todavía no dio señales globales, uniformes, sobre la configuración del dispositivo político post-Kirchner.

Sin embargo, su encuentro con Daniel Scioli el lunes al atardecer se leyó como una pista, en la que además de establecer un puente directo con el gobernador -que había reunido en La Plata a casi 100 intendentes- bendijo a Florencio Randazzo como enlace bonaerense. Hubo otras, subterráneas: operadores silenciosos, que antes sólo hablaban con Kirchner, recibieron la indicación de reportarse directamente a ella.

Sin más precisiones, con Cristina de Kirchner fuera del país durante los próximos días, el universo K deberá maniobrar de memoria. Por inercia.

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