12 de diciembre 2014 - 00:00

La pionera “Amalia” cumple 100 años

“Amalia”, película pionera del cine nacional, se estrenó hace exactamente un siglo en el Teatro Colón, con la presencia del presidente Victorino de la Plaza y toda la aristocracia porteña.
“Amalia”, película pionera del cine nacional, se estrenó hace exactamente un siglo en el Teatro Colón, con la presencia del presidente Victorino de la Plaza y toda la aristocracia porteña.
Hace hoy justo un siglo, se estrenaba en el Teatro Colón una de las primeras películas nacionales, "Amalia", surgida a instancias de dos damas de la sociedad, como se decía entonces: Angiolina Astengo de Mitre y Raquel Aldao, que merece un párrafo aparte. Ellas propusieron hacer una película romántica de fondo histórico (el drama de una pareja aristocrática bajo el rosismo, según novela de José Mármol) con la cual recaudar fondos para sus obras de caridad. Y que el elenco estuviera integrado por sus amistades de la más alta alcurnia.

La idea no era tan original. En su "Breve historia del cine argentino" César Maranghello recuerda un antecedente: "Nelly, o La primita pobre", comedia a beneficio del Consejo Dotal de Obreras que conducía María Unzué de Alvear. Intérprete, la aristócrata Juana María Obarrio. Libro y dirección, Luis Klappenbach, que además se reservó el papel de primo enamorado. En el reparto, unos cuantos Giménez Zapiola, Forn, Capdepont, Saubidet Bilbao, Montes de Oca y hasta el futuro dibujante Florencio Molina Campos. Estreno, octubre de 1913, con un total de tres proyecciones en el Palace y mutis por el foro, bajo acusación de estirada y poco emocionante.

Aún así, cabe registrar a "Nelly, o La primita pobre" como el primer largo nacional, primer "crowfunding", como se dice ahora al método de financiar películas con dinero de los simpatizantes, y primer film de elenco amateur, o no-profesional. También, según parece, primera comedia romántica de conciliación de clases en nuestro cine.

Más ambiciosa, como que encaraba un clásico de nuestra literatura con gran despliegue de muebles y vestuarios de época, "Amalia" se estrenó el 12 de diciembre de 1914 nada menos que en el Teatro Colón, con el presidente de la Nación, don Victorino de la Plaza, en el palco oficial, rodeado de ministros y funcionarios, y un lleno total en las plateas y tertulias. Es que en la pantalla, y por ende en las butacas repletas de parientes, abundaban los Larreta y Quintana, García Lawson, Quesada Pacheco, Marcó del Pont, Huergo Paunero, González Guerrico, Miguens, Bruyn, Vivot, Saguier, Zuberbühler, Flores Pirán, Lagos García, Luro Roca, Luque Bustillo, y otras muchos de doble apellido.

Además, concurrir a esa proyección era un "deber cívico": gran parte de ese público había crecido oyendo los malos recuerdos de sus abuelos, que 60 años antes fueran víctimas de Rosas y de su ladero, el feroz Cuitiño. Nada de conciliación, en este caso.

"Amalia" quedó así como el primer éxito de nuestro cine, y (debido a la pobre trayectoria de "Nelly") quedó también, inmerecidamente, como el primer largo nacional, "crowfunding" y amateur, aunque esto también es relativo, ya que guión y dirección estuvieron a cargo del dramaturgo y director de teatro García Velloso.

Su derivado inmediato fue el largo cordobés "Deuda sagrada", hecho a beneficio del asilo Entre Nous en base a una novela romántica alemana que incluía rapto de la novia y otras aventuras. Autor, Julio Brunner Núñez, periodista y hombre de teatro. Rodaje en palacios, museos y lagos de la capital mediterránea, artistas improvisados de "acomodadas familias provincianas" y estreno simultáneo a comienzos de mayo de 1915 en el Rivera Indarte de Córdoba, Buenos Aires y Montevideo.

Aquí, el párrafo aparte: Raquel Aldao, que en "Amalia" encarna a Manuelita Rosas, era hija de un gran propulsor del deporte amateur, fue la primera campeona argentina de golf en Mar del Plata, la quinta persona (más específicamente, la segunda mujer) que recibió el Registro Nacional de Conductor, alumna avanzada del pintor Héctor Basaldúa, volaba con Jorge Newbery, usaba piel bronceada en contra del hábito general establecido para las mujeres, y le enseñó a bailar el tango al príncipe Edward de Windsor. En suma, todo un personaje digno de una película.

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