La receta del “billetazo” y una boleta comprometida

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«Lo arreglo de un billetazo». Incómodo, cuando lo abruman las visiones poco optimistas, Néstor Kirchner recurre, enjaulado en Olivos, a una vieja receta como solución de todos los males: lo que no logra con seducción ni la política, lo arregla -se escuda- con la chequera.
Recurso último pero conocido, el patagónico confía al extremo en que la vulnerabilidad de gobernadores e intendentes es, más que la pertenencia o el apoyo «al Proyecto», la carta última -y, supone, implacable- para digitar cada lista en el octubre que viene.
El teorema del billetazo se enlaza en la vidriera de Buenos Aires con otra táctica: la de involucrar al mayor número posible de protagonistas, sobre todo a los reacios, en la aventura electoral que lo tendrá, como ya admite, como principal candidato.
Por eso, lo que con ostentación en Olivos llaman la «boleta inteligente» no será otra cosa que una maniobra para impedir que el PJ juegue a menos o no se comprometa en la elección. Ese plan de tener a todos adentro se traduce fácilmente: ganamos todos o perdemos todos.
El abrazo empezará por Daniel Scioli con la inclusión de su hermano José en la boleta. Con Kirchner como uno y «Pepe» como dos se clausura el margen efectivo para que el gobernador ensaye, siquiera tibiamente, una diferenciación de la Casa Rosada.
Figura ideal
La misma lógica alcanza a Sergio Massa. El jefe de Gabinete, a pesar de que no quiere, figura en la lista que bosqueja Olivos. Al hombre de Tigre, que dice que pretende volver a ser un intendente raso, Kirchner lo quiere por otro motivo en la boleta.
«Es el liberal de todos», dice el ex presidente y arguye que, por esa razón, es la figura ideal para competir con Felipe Solá y Francisco de Narváez. Es una inquietud justificada: el eje que diseñó Mauricio Macri está en expansión en la provincia.
Otro nombre inevitable en la papeleta de octubre es el de Graciela Ocaña. Los topetazos de Hugo Moyano, que dice tener un guiño de Olivos para zamarrear a la ministra, hacen trepar las acciones de la ex ARI. Kirchner jura que esa dama jamás pegará un portazo.
Hacia abajo, el plan incluye una variante: eliminar las colectoras y dejar como únicos delegados K en los distritos a los intendentes. Es una demanda de los alcaldes que Kirchner comparte porque, además, le permitirá medir cuánto colaboró cada uno en la elección.
Contrarreembolso llega otro suplicio. Los intendentes, sobre todo la cofradía del conurbano, quieren un Kirchner en la boleta y no les basta Alicia. Los impulsa una razón mundana: sólo con el ex en la lista, creen, el Gobierno cumplirá las promesas de obras que les hacen en Olivos. Ese festival seguirá hoy cuando se anuncie la autopista General Perón.
La urgencia electoral influyó también en el giro con el campo. No hay destino electoral para el Gobierno en las provincias y en los distritos rurales si no se desactiva siquiera parte del conflicto con los chacareros.
En Casa Rosada creen que los acuerdos sobre carne, leche y trigo «encapsulan» la crisis al capítulo sojero, centralizado en zonas de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. Serviría, con el foco en octubre, para mejorar la performance de Kirchner en el interior bonaerense.
Esa jugada transparenta, además, que la invulnerabilidad del PJ/FpV en el conurbano no es la de otros tiempos. Se vuelve necesario, entonces, operar para recuperar algunos puntos en la zona rural.
En paralelo, sin restos para frenar la sangría, Olivos digitó otro plan: ficcionalizar, o no tanto, la conformación de un bloque de kirchneristas críticos que contenga a los que dejaron el planeta K para evitar que caigan en brazos de Solá, Macri o De Narváez.
En marzo, Baldomero «Cacho» Alvarez programa lanzar una precandidatura a gobernador e invitó a esa cruzada a ex kirchneristas que desconfían de De Narváez, no coinciden con Solá o no contemplan la posibilidad de ponerse bajo el mando de Macri.
Tentación
«Tenemos que armar un grupo que le aporte votos a Kirchner y luego cobrarle ese aporte», tentó Alvarez, noches atrás, a un puñado de dirigentes díscolos.
«Si el pingüino no le agradeció a Duhalde que lo hizo presidente, ¿vos pensás que nos va a pagar a nosotros?», lo silenció un comensal.
No es la única vía por la cual el kirchnerismo quiere bombardear la entente Macri-Solá-De Narváez. Dos datos: Carlos Ruckauf volvió a ser convocado por operadores K; no parece ajeno Alberto Balestrini a la asonada del PRO disidente contra el jefe de Gobierno porteño.
No es el único frente en el que se mueve el vice. Le llevó a Scioli la propuesta para dividir la Jefatura de Gabinete y Gobierno para «mejorar la política» y sugirió el nombre de Javier Mouriño. Scioli dijo no, Mouriño también. Ahora propone a Julián Domínguez.
Kirchner apuesta además a que Macri no convenza a Gabriela Michetti de unificar las elecciones, mientras, vía Alberto Fernández, explora una reconciliación con Aníbal Ibarra. El menú de condiciones del ex frentista supera la capacidad de pen drive.

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