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La resurrección de Lázaro
Ben Bernanke
La contraofensiva tiene más argumentos que la rectificación de un mero error de cálculo. La valuación de las acciones no se vislumbra exagerada. Menos en una fase temprana de recuperación económica, en un contexto de tasas de interés irrisorias que deberá permanecer anclado por mucho tiempo y, ciertamente, no por la mala salud de las empresas. A un ratio levemente inferior a 15 veces las ganancias operativas, tampoco las acciones lucen muy baratas a simple vista. Por eso ayuda observar tendencias favorables que emanan de quienes están en la cocina de los negocios. Importa que se preserve el interés por la adquisición y fusión de compañías, que las empresas hayan duplicado la recompra de sus propias acciones (a un nivel que todavía es la mitad de 2007) o que se engrose la corriente de pagos de dividendos y permita un rendimiento del 1,8%, similar al de una nota del Tesoro a 4 años.
Utilidades
En 2010 las ganancias del sector corporativo crecieron el 29,2% según las cuentas nacionales. Se trata del incremento más vertiginoso de los últimos 60 años. Las utilidades después de impuestos treparon el 20,4%. Los datos más recientes disponibles -los del cuarto trimestre- revelan que el ritmo de dos dígitos se moderó, pero sigue vigente: señalan aumentos del 18,3% y 13,7% respectivamente. No está mal como aperitivo para esperar la temporada de balances que dará inicio en un par de semanas. En definitiva, si Wall Street resiste el embate de amenazas formidables -las penurias de Japón, Medio Oriente y la eurozona, que no muestran visos de esfumarse- es porque confía en sus cartas. Confirmar que las ganancias del primer trimestre están a la altura de las expectativas (+12%) es el examen de fuego. Si las cotizaciones se inflan de antemano, es porque se intuye que los resultados serán aún mejores. La información que fluye, preliminar, semana tras semana, de las propias compañías, es positiva. En especial, rige un gran celo en escudriñar el horizonte de sus negocios. Cuando algo falla, o huele mal, la guadaña se precipita impecable. Research in Motion, el fabricante de los Blackberry, lo experimentó la semana pasada. No le alcanzó con crecer sus ganancias el 32% y empardar los vaticinios del consenso. Los nubarrones que se avizoran en el trimestre que cerrará en mayo fueron fatales: cuatro analistas le bajaron la recomendación y entre jueves y viernes el papel se hundió el 11%. Desde mediados de febrero declinó casi el 20%. El rally no es ciego ni puro momentum. Y tiene sus filtros.
Qué duda cabe: sin el apoyo de la Fed -que dirige Ben Bernanke-otra sería la historia. La segunda fase del relajamiento cuantitativo -el QE2- estuvo en el origen del rally, fue la razón de ser de la embestida que irrumpió en septiembre. Siete meses después -y unos 2.200 puntos más arriba- el QE2 todavía ejerce influencia. De las compras prometidas de bonos del Tesoro -los 600 mil millones de dólares- resta adquirir menos de 140 mil millones. No obstante, la clave no es la cifra, sino la actitud de respaldo y compromiso que trasunta. Cuando el presidente Obama, a fines del año pasado, acordó extender los recortes impositivos que impulsó su predecesor, volcó el balance de oferta y demanda: frente a los 600 mil millones de dólares en bonos que absorbe la Fed, este año la rebaja de impuestos obligará a colocar 900 mil millones fuera de agenda.
En su último comunicado, el mensaje de la Fed es claro: no alienta un cambio de planes. Pero no se pueden ignorar las voces de sus funcionarios -Bullard, Plosser, Fisher- que en los últimos días, a caballo de la robustez de la economía, proponen una revisión. A buen entendedor, sobran palabras. No es arduo deducir las probables líneas de acción. Después del QE2, la Fed dará un paso al costado. Toda la discusión acerca de cómo finalizar el QE2 es, en rigor, una anticipación de que no habrá QE3. La economía ya tuvo su rampa de relanzamiento (y Wall Street la aprovechó a pleno). De allí en adelante, la navegación deberá resolverse por sus propios medios. Como sucedió un año atrás, cuando expiró el QE original, la Bolsa deberá apostar cada vez más a lo que pueda talonear la economía. Todos los boletos del rally, más tarde o más temprano, se jugarán allí. Con un ojo en el precio y la disponibilidad de petróleo. Y sabiendo que habrá QE3 sólo después de un chubasco que cause estragos.


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