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La Sinfónica de Bamberg en concierto antológico
Jonathan Nott, al frente de la Orquesta Sinfónica de Bamberg, en el concierto de Nuova Harmonia en el Teatro Colón.
La presentación que el sábado por la noche brindó en el Colón para Nuova Harmonia la Orquesta Sinfónica de Bamberg se ciñó a la estructura tradicional de "obertura-concierto-sinfonía". Sin embargo, varios elementos confluyeron para que esta actuación no sólo no fuera una más de tantas a las que asiste Buenos Aires sino que (sin exagerar) podría decirse que será recordada como un acontecimiento musical de la temporada.
Jonathan Nott, el británico que en el próximo verano europeo dejará la titularidad de esta agrupación para pasar a dirigir la Orchestre de la Suisse Romande, diseñó con astucia esta sucesión canónica enmarcando con dos obras de Beethoven el siempre fresco y electrizante Gershwin. Desde los primeros compases de la obertura "Egmont" el público tuvo la certeza de encontrarse con un maestro de la retórica musical que, como un actor, articula cada inflexión del texto y lo proyecta en el instrumento fabuloso que es la Orquesta de Bamberg, en el que se conjugan brillantez y tersura, detalle y empaste.
Maciej Pikulski, pianista polaco a quien Buenos Aires conocía bien en su faceta de acompañante de notables cantantes, llegó al escenario para abordar el Concierto en fa mayor de George Gershwin con una soltura técnica, una sensibilidad y un "swing" que pusieron en evidencia su enorme versatilidad. Esta versión extraordinaria lo fue tanto por esta performance del solista como por la flexibilidad con la que Nott y la orquesta lo envolvieron y secundaron en un ejemplar trabajo de ensamble. El bis que Pikulski regaló fue tan ambicioso como espectacular: la "Paráfrasis de concierto sobre 'Rigoletto'" de Liszt, y sirvió también para que el pianista exhibiera su costado más virtuoso, siempre sobre la plataforma inquebrantable de su sentido musical.
La sinfonía "Pastoral" confirmó la sensación primera y demostró que, por más transitadas que sean, las obras clásicas pueden sonar nuevas en interpretaciones como ésta, totalmente alejadas de lo rutinario y destinadas a poner en valor su belleza. En las manos y el gesto de Nott, mucho más centrado en marcar inflexiones, intenciones e impulsos que compases, los pasajes descriptivos cobraron toda su dimensión pictórica, de la mano de la excelencia de cada sección de la orquesta y de todos los solistas. Para el público porteño esta "Pastoral" resultó casi un desagravio a Beethoven, a pocos días de la muy floja versión de su única ópera que se había podido ver en esa misma sala.
Después de semejante despliegue de sensibilidad hubo todavía lugar para dos obras fuera de programa: la obertura de "Las bodas de Fígaro" y el cuarto movimiento del "Concert romanesc" de Ligeti, ambas piezas dotadas en la versión de Nott y la Sinfónica de Bamberg de una fuerza musical auténtica y arrolladora.


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