23 de julio 2010 - 00:00

La sombra de Bergoglio

La oposición a Mauricio Macri logró ayer dilatar el ardid del jefe de Gobierno para precipitar un juicio político. Se negó a aprobar ayer ese reclamo, que es una fuga hacia adelante, y fijó fecha para el 12 agosto. Un traspié para el macrismo que hace lo que hace porque quiere evitar la vidriera de su jefe en ese recinto que ya se cobró la cabeza de un jefe de Gobierno que tenía menos problemas judiciales que Macri. Del debate que hizo la Legislatura surgieron señales inquietantes en esta trama: ¿sostendrá con el tiempo Macri a los legisladores leales para hacerlo zafar de la acusación cuando se trata de un bloque, como dice el propio jefe de Gobierno, «variopinto», integrado por peronistas, conservadores, radicales, peronistas, demoprogresistas, todos provenientes de familias políticas más que diversas? Esa extravagancia se mostró ayer cuando se vio la firma del titular de la Legislatura, Oscar Moscariello, que es quien debería suceder al procesado si fuera destituido, en el pedido de juicio político que hizo el PRO. Hoy Macri está cuatro votos abajo de un dictamen negativo; de ellos, ¿sobre cuántos puede operar la oposición en una Legislatura en la cual la movilidad no es un estilo, sino ya un método de supervivencia? ¿Sobre cuántos puede influir una personalidad como Jorge Bergoglio, furioso con Macri desde que éste permitió casamientos de personas del mismo sexo en la Capital Federal, aun antes de la sanción de la ley nacional de la semana pasada? Aníbal Ibarra fue víctima de esas iras cuando fue a juicio político porque el primado lo repudió por un acto de gestión que en su momento pudo ser una anécdota, la exposición del artista León Ferrari con imágenes blasfemas en un museo municipal. Macri no ha restablecido relaciones con Bergoglio y aquel apoyo a los matrimonios gays puede ser hoy una cuenta pendiente que podrá cobrarse en el voto de la acusación o a una eventual destitución. El 12 de agosto puede convertirse en una fecha fatídica para Macri porque debe retener -con algún premio codiciable- a sus legisladores aferrados a una estrategia en la que se juega todo el futuro del poder macrista. Que Macri haga todo lo que está a su mano para salvarse se entiende. ¿Por cuánto tiempo creerán sus hoy fieles seguidores que habrá salvación para todos? Ése es el principal esfuerzo de Macri; después de todo, es lo que debe hacer un político, crear futuro. Y no sólo para él.

Dejá tu comentario