6 de diciembre 2010 - 00:00

La UCR entró en el riesgoso camino hacia un nuevo divorcio

Ricardo Alfonsín tuvo su acto de lanzamiento el viernes en Avenida de Mayo, multitudinario para estos tiempos. En ese momento, la Convención partidaria se caía por falta de quórum.
Ricardo Alfonsín tuvo su acto de lanzamiento el viernes en Avenida de Mayo, multitudinario para estos tiempos. En ese momento, la Convención partidaria se caía por falta de quórum.
La interna radical, que hasta ahora mantenía una ordenada discusión entre Ricardo Alfonsín y Julio Cobos, matizada por el lanzamiento de la candidatura presidencial del mendocino Ernesto Sanz, comenzó a entrar en una zona de peligrosas fisuras. El viernes pasado, la Convención Nacional, presidida por Hipólito Solari Yrigoyen, no pudo sesionar por falta de quórum, una tragedia para un partido que hace gala de contar con órganos internos que funcionan. En su lugar, el éxito del día se lo llevó Ricardo Alfonsín, con su acto de lanzamiento de la candidatura presidencial en Avenida de Mayo y San José.

Había prometido el alfonsinismo no vaciar la Convención con ese acto, pero finalmente lo hizo. Curioso, cuando muchas de las decisiones que debía tomar el cuerpo habían sido impulsadas por ese sector alineado en el Morena, como el programa para 2011 o las alianzas con el socialismo y el GEN.

Quedó planteado claramente el camino hacia una peligrosa división ante dirigentes que prefieren no tomar decisiones por ahora, aunque en público digan lo contrario.

Nada mejor para entender la situación que la foto del inicio de la Convención el viernes: al momento de acreditarse había una cantidad de convencionales suficiente para sesionar, pero que luego se retiraron; prefirieron el acto en Avenida de Mayo. Ante esa realidad y en medio de una bronca inocultable, Solari Yrigoyen levantó las sesiones cuando contaba con 132 participantes de los 159 necesarios para el quórum.

El epitafio de la convención lo escribió ayer el cobista Oscar Aguad: «Eso demuestra que todavía no desentrañamos adónde vamos», dijo, desnudando que el radicalismo se mueve hoy entre acuerdos internos imposibles de alcanzar.

Hasta ahora, los radicales estaban conformes con poder diferenciarse del peronismo oficial con un partido que tiene órganos de administración que funcionan, como la Convención y el Comité Nacional y un sistema de toma de decisiones que persiste prácticamente desde su creación. Casi un modelo de partido político moderno, que este fin de semana volvió a mostrar fisuras.

Y esto no es porque la Convención Nacional no haya sesionado por falta de quórum, algo que puede suceder y hasta se podría explicar por la angustia que mostraban muchos radicales en el costo que insumía traer a 300 convencionales desde sus provincias y alojarlos en la Capital.

El problema es que la Convención quedó trabada en medio de definiciones claves para avanzar con la interna como la plataforma partidaria unificada que, como se anunció desde el Comité Nacional, debía ser reconocida por todos los candidatos presidenciales como plan de Gobierno; el marco de alianzas que la UCR manejará el año próximo; una modificación a la Carta Orgánica para adecuarla a la reforma política que hizo votar el Gobierno y la discusión sobre el adelantamiento de una interna a marzo para definir candidato presidencial, una idea que lanzó Sanz y que apoyaron Gerardo Morales y el alfonsinismo.

En cada uno de esos puntos quedó demostrada la peligrosa división que vive el partido. Cobos y Alfonsín, sin mencionar al tercer candidato Sanz, no tienen la misma visión sobre cuál debería ser el plan de Gobierno que el radicalismo debe llevar a las elecciones. De ahí que aunque el vicepresidente haya enviado un saludo por carta a la Convención y que Alfonsín lo hiciera personalmente, quedó claro que no había voluntad de atenerse a las Bases del Programa 2011 que habían elaborado 150 técnicos del radicalismo con la supervisión de Solari Yrigoyen.

En cuanto al acercamiento con otros partidos, tampoco existe acuerdo. El alfonsinismo ya tiene cerrada fórmula con el socialismo de Hermes Binner y una sociedad con el GEN de Margarita Stolbizer que Sanz también apadrina desde el Comité Nacional. Pero para el cobismo con eso no alcanza. Si había alguna duda, el cordobés Oscar Aguad, herido tras el recambio en la conducción del bloque de Diputados que puso a Ricardo Gil Lavedra en los comandos, lo dijo ayer sin medias lenguas: «Hay que definir un programa que encuentre adherentes fuera del radicalismo, no para tener una alianza electoral, sino para ver cómo se solucionan los inconvenientes. Hacen falta más que acuerdos ideológicos para superar los grandes problemas que tiene el país coyunturales y estructurales».

Es decir, para el cobismo con el GEN y el socialismo no alcanza, una idea que también sostienen otros radicales que no militan en las filas del vicepresidente.

Más complicado aún y sin consenso era el debate previsto sobre el adelantamiento electoral. Imposible un acuerdo en ese punto cuando el cobismo alega que la idea de realizar una interna en marzo, que hasta hace tres meses podía seducir también al kirchnerismo, pero que tras la muerte de Néstor Kirchner fue archivada (al menos por ahora), sólo está destinada a desplazarlo de la pelea presidencial sabiendo que le será imposible ganar esa compulsa.

Así, la Convención tuvo todo lo que tenía que tener: la sede en el Centro Asturiano de Vicente López, la mesa directiva sesionando en pleno, junto a Solari Yrigoyen y hasta el Himno Nacional cantado por Jairo en el inicio de las deliberaciones. Hubo, como gusta en el radicalismo, hasta adhesiones del exterior, como la de Jean Michel Baylet, presidente del Partido Radical de Francia, para darle más brillo al encuentro, y 26 oradores anotados para comenzar los debates.

Pero si bien tuvo convencionales acreditados como para garantizar el quórum, en el momento de comenzar las discusiones Solari Yrigoyen contó con sólo 132 presentes; el resto, en ese momento, había partido al acto de lanzamiento de Alfonsín en Avenida de Mayo, aunque supuestamente habían recibido la orden de garantizar el quórum.

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