5 de enero 2012 - 00:06

La vigilia, una fiesta kirchnerista

La entrada de la clínica de Pilar amaneció ayer completamente cubierta por banderas y carteles de apoyo a la mandataria, que colgaron agrupaciones kirchneristas.
La entrada de la clínica de Pilar amaneció ayer completamente cubierta por banderas y carteles de apoyo a la mandataria, que colgaron agrupaciones kirchneristas.
El tranquilo paisaje bonaerense del Hospital Universitario Austral terminó de transfigurarse ayer con el pico más popular de la vigilia organizada por militantes y organizaciones kirchneristas para acompañar a Cristina de Kirchner en su operación. El frente del lujoso hospital se convirtió ayer en una feria peronista, en la que las personas que se acercaron para acompañar cantaron, se sacaron fotos, rezaron, comieron asado, tomaron mate y festejaron al escuchar la noticia de los resultados de la intervención, sin molestarse y dejando de lado por un rato las internas del oficialismo.

La vigilia empezó a primera hora del lunes pasado y los primeros en llegar fueron los del Movimiento Evita, quienes tenían la ubicación privilegiada para instalar sus carpas. Un día después se sumaron La Cámpora (con alquiler del local incluido), Kolina y Los Kumpas, y otros grupos de militantes más minoritarios. Todos desbordaron ayer con sus carteles y banderas la avenida Perón, que fue cortada por la Policía Federal y efectivos de Seguridad Vial unos 300 metros antes de la entrada principal del hospital, para controlar la entrada.

Más allá de vigilar todo el predio que incluye al hospital, la universidad y el Instituto Argentino de la Empresa (IAE), el operativo de seguridad no fue muy intenso afuera del edificio: todo estuvo concentrado en el interior del establecimiento y en que nadie intentara ingresar sin permiso. Tampoco hizo falta: el clima de la vigilia fue muy tranquilo desde que empezó y sólo lo interrumpieron los cantitos de las diferentes agrupaciones, que estaban juntas pero no mezcladas.

De fondo sonó a lo largo de la mañana de vez en cuando «Avanti morocha», canción olvidada de Los Caballeros de la Quema reconvertida en clásico gracias a la última campaña presidencial que transmitía el camión de la Juventud Peronista.

Fue una vigilia de pura militancia -aunque las voces empezaron a mermar en el momento en que los activistas cantaron la «Marcha Peronista» y entraron a la segunda estrofa-, un dato obvio si se tiene en cuenta la lejanía del hospital respecto de la ciudad. La mayoría de quienes esperaba ayer las novedades de la Presidente pertenecía a agrupaciones políticas o sociales y había ido sólo por el día, como los integrantes de Colectivo Militante, dueños del micro más original de la zona.

Este hecho también influyó en las mínimas ganancias del vendedor de merchandising de Cristina de Kirchner, que estaba desde el martes en la zona y había vendido hasta el momento poco y nada de sus remeras a $ 30, banderas a $ 20 y los prendedores a 3 por $ 5. No hacía falta: un buen militante llega a la vigilia con equipo propio. El negocio, en cambio, fue mejor para los compañeros de José C. Paz, que instalaron una parrilla a la vuelta de la avenida Perón y ofrecían choripanes «puro cerdo» a $ 8. También a los dueños de los bares cercanos, acosados por militantes y periodistas que se deshidrataban al sol.

Para el mediodía, cuando la ansiedad de las noticias y el sol empezaron a picar, el clima levantó gracias a la intervención de la cantante popular Adriana Costa quien, guitarra en mano, entonó un tango, el Himno Nacional y la «Marcha Peronista», en ese orden. La iniciativa cantora sacó del letargo a los jóvenes de La Cámpora y el Movimiento Evita, que empezaron a alternar canciones como «Vamos compañeros, hay que ponerle un poco más de huevos, que el pueblo ya empezó a cambiar la historia y vamos con Cristina a la victoria» y organizar tímidos pogos para entusiasmar a los asistentes.

Sin duda, el personaje de la vigilia fue el psiquiatra Marcelo Dignani. Responsable del grupo terapéutico del hospital Juana Azurduy, el médico fue ayer con un grupo de pacientes y una imagen de la Virgen para rezar por Cristina de Kirchner y recordar, de paso, que él había sido el primero en denunciar el supuesto envenenamiento de los presidentes latinoamericanos con glifosato y señalar a Estados Unidos como supuesto responsable del plan. Dignani destacó que dos años atrás habían logrado tener una audiencia con la Presidente para denunciar a «patotas de fumigadores» que cada 15 días rociaban con glifosato las vías del tren y los muros exteriores de la quinta presidencial en Olivos. La denuncia tuvo efecto: según el médico, reforzaron la seguridad en la zona y las patotas se fueron. Sin embargo, su causa sigue y llegó incluso al programa «Aló, Presidente», del venezolano Hugo Chávez, que reprodujo uno de sus videos-denuncia que circulan por internet.

Cuatro horas después de lo anunciado, el vocero presidencial leyó el comunicado que informaba sobre los buenos resultados de la operación de Cristina de Kirchner. Así, con gritos y aplausos de festejo, muchos militantes empezaron a dispersarse y dejaron a los más férreos, que prometieron continuar la vigilia hasta que la Presidente fuese dada de alta.

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