23 de diciembre 2015 - 00:30

Lacunza, puching ball de un peronismo en efervescencia

• EL MINISTRO, SIN FEELING CON LOS INTENDENTES Y LEGISLADORES, ES EL FRONTÓN DE LAS DISPUTAS INTERNAS DEL PJ ATOMIZADO

Martín Insaurralde (Lomas) y Gabriel Katopodis (San Martín), referentes del G8 (que nuclea a intendentes del GBA, que pretende tener protagonismo, ser interlocutor con Vidal y pulsear en el nuevo peronismo (arriba). Daniel Scioli almorzó ayer con senadores nacionales del FpV, encabezados por Miguel Ángel Pichetto, y les avisó que seguirá militante y en carrera. Apunta a convertirse en candidato a senador en 2017 (abajo).
Martín Insaurralde (Lomas) y Gabriel Katopodis (San Martín), referentes del G8 (que nuclea a intendentes del GBA, que pretende tener protagonismo, ser interlocutor con Vidal y pulsear en el nuevo peronismo (arriba). Daniel Scioli almorzó ayer con senadores nacionales del FpV, encabezados por Miguel Ángel Pichetto, y les avisó que seguirá militante y en carrera. Apunta a convertirse en candidato a senador en 2017 (abajo).
Hernán Lacunza, ministro de Economía bonaerense, se "compró una tarea que no figuraba ni en la letra chica del contrato político que ojeó cuando aceptó llevarle las cuentas a María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires.

La discusión del presupuesto 2016, en medio de la efervescencia de un peronismo fuera del poder, convirtió al economista en un puching ball, el frontón donde los peronistas juegan a la rebeldía y miden, entre si, quien es más osado y camorrero. Ocurrió ayer cuando Lacunza, que venía de anterior s charlas tensas, se reunió con alcaldes, senadores y diputados del FpV/PJ para escuchar sus objeciones a la Ley de Presupuesto que prevé un gasto de casi 360 mil millones de pesos y un endeudamiento para el Guinnes: 109 mil millones.

En la tenida de ayer, Lacunza escuchó una ristras de objeciones a los textos que envió y que Vidal pretende se aprueben el 29 de diciembre, con tratamiento casi exprés, en Diputados y Senado. El acuerdo de gobernabilidad con Sergio Massa, que sentó a Jorge Sarghini en la butaca mayor de la Cámara baja, no le alcanza para las mayorías extraordinarias del presupuesto y por eso, al menos en este trámite, debe lidiar con un peronismo multitribal.

Ayer los FpV, repartidos en varios clanes, le avisaron a Lacunza que quieren que baje el presupuesto a no más de 55/60 mil millones, que detalle en qué va a gastar ese dinero (que no sea genérico y especifique, como dijo Marcelo Feliú, según el artículo 44 de la Constitución sobre los endeudamientos específicos) y que de esa deuda una parte vaya, de manera automática y equilibrada a los municipios.

Andrés Quinteros, diputado de la Segunda, uno de los rebeldes a la conducción de José Ottavis, pidió destinar 17 mil millones a un "fondo" que se remita a los distritos, mediante un mecanismo de compensación y no de manera discrecional como, se quejan, pretende Vidal.

Pero el punto más alto, del debate político, fue cuando Marcelo "Patón" Torres, legislador vinculado a Sergio Berni, le reprochó a Lacunza que la ley Fiscal prevé subas de impuestos.

-¿Me explicás por qué suben el inmobiliario urbano baldío pero no suben el inmobiliario rural? -dijo Torres y se sumó, con el mismo planteo, el neocamporista Santiago Carreras.

- Eso no lo vamos a discutir -dijo Lacunza.

La charla fue, en verdad, el rebote de las conversaciones internas que vienen en el PJ tratando de encontrar una salida, mínimamente relevante, a una encerrona: luego de gobernador casi 30 años la provincia, el PJ parece limitado a la hora de objetar a un gobierno naciente como el de Vidal, incluso cuando presenta un presupuesto con un endeudamiento inédito.

Lacunza cayó, además, en medio del clima de sospecha que es el PJ. El grupo de los "doce" de Diputados y los senadores que desafiaron a La Cámpora daban por sentado, ayer, que había un acuerdo secreto operado por Ottavis para aprobar, con leves retoques, el presupuesto. Por eso, se descargaron con el ministro que, a su vez, tampoco se esforzó por empatizar.

En la Legislatura rebotan todos los conflictos que tienen, como matriz, la búsqueda de un formato de continuidad sin ruptura y a la vez una especie de mando colegiado para negociar con el Gobierno de Vidal. Ocurre que la legislatura, con preeminencia de La Cámpora, quiere tener esa centralidad mientras los intendentes asoman como un actor político y electoral de peso pero sin legisladores, mientras que el PJ, que se convirtió en refugio de otros jefes como Julián Domínguez, pulsea para ser el "administrador" de la política del peronismo en la oposición.

Ayer se agregaron fotos al álbum del PJ endemoniado. Daniel Scioli almorzó con senadores nacionales, encabezados por Miguel Ángel Pichetto entre los que estaban los bonaerense Juan Manuel Abal Medina y María Laura Leguizamón, a los que le avisó que seguirá en el ring y se posicionará en la provincia de Buenos Aires. Traducción: Scioli, como quieren varios, empezó a construir su candidatura a senador nacional del 2017.

En paralelo, en Hurlingham se juntó el G8: los intendentes "nuevos", encabezados por Martín Insaurralde, que piden pista para ser asumidos como un portavoz y una referencia del peronismo que viene o que queda en pie, a partir de un concepto primitivo pero indiscutible: forman parte de un club, muy chiquito, de "ganadores" que retienen el control de los territorios. Estuvieron Gabriel Katopodis (San Martín), Mariano Cascallares (Brown), Juan Zabaleta (Hurlingham), Leo Nardini (Malvinas), Ariel Sujarchuk (Escobar) y Gustavo Menéndez (Merlo). Faltó Fernando Gray, de Echeverría, que se excusó con anticipación.

Otros ganadores como Jorge Ferraresi (Avellaneda), Patricio Mussi (Berazategui) y Walter Festa (Moreno) no figuran en ese staff porque sellaron alianzas con La Cámpora. La construcción de un equilibrio entre todos esos pedazos es el regalo de Navidad que piden los peronistas. Si no, pasará para Reyes.

Dejá tu comentario