5 de mayo 2011 - 00:00

Las fugas y un efecto colateral: la polarización

La estampida de candidatos presidenciales, que engordó Mauricio Macri, generó una minieuforia K. La retirada era, hace semanas -más intensamente en los últimos días- contemplada como de alta probabilidad, al punto que el escenario porteño se evaluaba con el jefe del PRO en ese ring.

Con ufanías, así como ironizaron sobre el repliegue a la Capital de Fernando Pino Solanas, ayer repitieron el libreto mordaz sobre la decisión de Macri. Algo es cierto: en dos meses, se evaporaron cinco rivales -los citados y Julio Cobos, Ernesto Sanz y Mario Das Neves- de Cristina de Kirchner.

Suficientes, anotan a Carlos Lole Reutemann, que ni arrancó, y a Juan Manuel Urtubey, que ganó en Salta pero archivó el plan de irrumpir como rival de la Presidente. En el macrismo, sin embargo, todavía mencionan al salteño en sus dibujos imaginarios.

La referencia es obvia: la invulnerabilidad electoral, sobre la que construyen sus diagnósticos, espanta a los opositores. Traducción lineal: la victoria de Cristina, en primera vuelta, está garantizada, y los que pueden, torean, tratan de sobrevivir a la ola K.

Pero fuera de esa linealidad, surgen otras interpretaciones e incógnitas. Veamos: 

  • El plan, alguna vez agitado por Eduardo Duhalde, Ernesto Sanz, Julio Cobos y luego por el propio Macri, de conformar un megafrente opositor contra el Gobierno -resistido desde sectores de la UCR, repudiado por Elisa Carrió, pero avalado por otros radicales y el peronismo disidente-, empieza a construirse a partir de las deserciones. La galaxia opositora registra, ahora, cuatro candidatos: Ricardo Alfonsín, Duhalde, Felipe Solá, Carrió y Alberto Rodríguez Saá. Los índices de aceptación y de intención son desiguales: Alfonsín está, por varios puntos, encima de los demás; el puntano y la jefa de la CC rankean muy bajo. La dinámica de las renuncias opositoras despeja la grilla y cincela, al reducir la atomización, una posible polarización. 

  • Es un dato que el Gobierno sigue con detenimiento. Podrían canjear encuestas con el PRO y comprobar que parte de los potenciales votantes al Macri candidato a presidente derivan hacia la Presidente. Por ahora, juran, no les preocupa: la intención de voto de Cristina oscila entre un 45% y un 50%, con un nivel de imagen positiva cercano al 60%, con lo que dan por hecho el triunfo en primera vuelta, aunque una posible polarización los obliga a mirar -si obtiene menos de 45 puntos- que pueden estar a 10 puntos del segundo. «Depende de nosotros. Lo que hagan o dejen de hacer enfrente no importa», refutó ayer un dirigente K el interrogante sobre la polarización. 

  • El otro asunto que generaba, ayer, bullicio sobre la bajada de Macri refería a cómo incidirá en la elección del candidato K por parte de Cristina. Esa definición, que se delega en la Presidente, produce una lluvia de interpretaciones. Daniel Filmus, rememoró ayer un funcionario, «ya perdió» con Macri. «Pero Macri no es el mismo de 2007, sino que está más cerca del de 2003, con mucha polarización», leyó un legislador que no esconde sus preferencias por el senador. En Gobierno sueltan apenas puntas sobre las encuestas, más allá de que se relativice su incidencia: insisten en que Filmus sigue unos puntos arriba de Amado Boudou. 

  • El macrismo, todavía enroscado en cómo explicar la bajada de su jefe y en lograr un esquema nacional que no sepulte al PRO, tiene sus propios deseos: muestran datos en los que Filmus aparece como un candidato más temible que Boudou -dicen, provocativos, que con el ministro de Economía como candidato, Pino Solanas podría entrar en el balotaje-, aunque aseguran que, en cualquier escenario, Macri gana en segunda vuelta. Admiten que, todavía, «hay que esperar si la bajada de Macri impacta de manera negativa o positiva».
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