29 de junio 2015 - 00:00

Laura Álvarez, lo mejor de anodina revista tanguera

Laura Álvarez es sin duda lo mejor de “De piropos y tango. Una historia de emociones”, en el que también se luce la bailarina Claudia Caporaletti.
Laura Álvarez es sin duda lo mejor de “De piropos y tango. Una historia de emociones”, en el que también se luce la bailarina Claudia Caporaletti.
"De piropos y tango. Una historia llena de emociones". Idea y dir. coreog.: L. Medina. Dir. mus.: D. Acosta. Voces: L. Álvarez y G. Ruiseñor. Músicos: D. Acosta (piano), F. O Serna (guitarra), A. Palazuelos (contrabajo) y . Vázquez (bandoneón). Baile: C. Caporaletti, A. Saldaña Martínez, L. Medina, L. Rodríguez, R. Moure y J. Mendoza. (Espacio Colette, Paseo La Plaza; miércoles a las 21).

El tema del piropo es una excusa. Desde allí, la bailarina, creadora y directora de este espectáculo, partió para armar un repertorio, un desarrollo, una puesta en escena, una sucesión de cuadros. Sin embargo, debería decirse que, vistos los resultados, ese punto de partida resultó intrascendente y hasta innecesario.

"De piropos y tango" es una clásica revista tanguera, con momentos cantados y con otros danzados. Son tres parejas de baile, una dupla de cantantes y un cuarteto instrumental que, con una estructura de tres actos que sirven para cambiar vestuario, van mostrando una serie de tangos, valses y milongas conocidos , de distintas épocas, por cierto con el amor (o, a veces, con el piropo) como tema poético principal. Se escuchan "Tiempos viejos", "Baldosa floja", "Caserón de tejas", "Afiche", "Qué me van a hablar de amor", "Los mareados", "Chau, no va más", "La novia ausente"etc. Y se agrega una canción de Víctor Manuel, "No sé por qué te quiero", que funciona muy bien en el contexto.

Lo dicho: los tres actos en que está dividido el show obedecen simplemente a una necesidad práctica de dar tiempo a los cambios de ropa. En rigor, no hay un desarrollo dramático de estructura teatral; eso más allá de que cantantes, bailarines y músicos tengan algunos diálogos, casi siempre volcados al humor, que actoralmente los dejan casi a todos muy mal parados. Lo mejor del espectáculo, sin ninguna duda, está en la cantante Laura Álvarez. Es fresca, prolija en sus interpretaciones, expresiva. Su compañero de rubro, el cantor Gastón Ruiseñor, cumple con su papel, aunque debería ser un poco más cuidadoso con los aspectos técnicos.

También cumplen bailarines y músicos. No hay allí, tanto para destacar, puesto que arreglos (para un cuarteto de piano, guitarra, contrabajo y bandoneón) y coreografías (siempre corales) se mueven dentro de lo previsible. En tal caso, sí merece una mención especial el trabajo de la bailarina Claudia Caporaletti, que sobresale del resto por presencia y "tanguidad".

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