Recientemente el FMI hizo una evaluación favorable a la política económica de Argentina. En primer lugar reconoció la deteriorada situación económica heredada por Macri, y consideró positivamente la política económica seguida por el gobierno. Por tanto el Subdirector General del FMI, David Lipton reconoció inicialmente que la relación del FMI con la Argentina se había normalizado.
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Al respecto en primer lugar reconoció como positiva la política monetaria seguida por el Banco Central. No explicó claramente en qué sentido esa política había sido correcta. Pero reconoció que hasta que no baje la inflación no habría crecimiento económico. La idea de valorar una política monetaria restrictiva al tiempo que continúa el aumento del gasto público es un error conceptual. Al respecto George Gilder escribió: "Más tarde o más temprano los liberales americanos y los laboristas británicos van a descubrir que las restricciones monetarias son una forma maravillosa de destruir al sector privado, dejando al sector público intacto". Tal fue lo que ocurrió en Argentina con la circular 1050. Y no por la supuesta razón de ser de la misma que propuso que se ajustaran las tasas de interés de largo plazo por las variaciones en las tasas pasivas de corto plazo, sino por el impacto que tuvo el elevado nivel alcanzado en las tasas reales de interés. Así ocurrió en Estados cuando subió la tasa real de interés al 23% anual.
Werner asimismo consideró que habrá más inversión privada en una economía más estable. Es cierto que el gobierno ha restaurado la seguridad jurídica, pero no se puede ignorar la razón de ser del actual desequilibrio de la economía argentina que surge del nivel del gasto público. Consecuentemente ignoró también el impacto negativo del actual nivel de los impuestos. La tasa del impuesto a las ganancias de un 35% se eleva a más del 50% como consecuencia del impacto de la inflación y la imposibilidad revaluar los activos. A ese impuesto se añaden el Impuesto a los Ingresos Brutos y el IVA.
Más gasto
Igualmente se refirió favorablemente a la política monetaria del Banco Central. En el 2016 la oferta monetaria aumentó un 23% respecto al 2015 y la inflación alcanzó al 40%. Por tanto podemos concluir que no fue la política monetaria ni la causante de la inflación ni tampoco determinante de su reducción. Así es evidente que el factor determinante de la inflación ha sido el aumento del gasto público, que entre el 2016 y el 2017 aumentó un 41,13%. El problema no es el déficit, que aparentemente es la preocupación del gobierno en la actualidad. En razón de esta realidad George Gilder escribió: "Si el déficit se corrige con impuestos más elevados y la oferta monetaria permanece constante, el nivel de precios aumentaría en la forma ortodoxa de la ley de costos".
Volviendo entonces a la problemática del desequilibrio interno de la economía argentina causado por el nivel del gasto público, que conforme a nuestra estimación alcanzó al 56% del PBI en el 2016. Esa situación parece continuar y la última información al respecto del gasto público nacional en los dos primeros meses del año aumentó un 40,6% respecto a igual período del 2016. Y el gobierno solo parece preocupado por el nivel del déficit y el presidente del Banco Central por la inflación. La inflación no es la consecuencia del déficit sino del nivel del gasto público y vamos a repetir la cita de Milton Friedman al respecto que en su oportunidad señaló que el problema no era el déficit sino el gasto y dijo: "El total del peso del impuesto es lo que el gobierno gasta y no esos recibos llamados impuestos... Sin rebajar el gasto, por tanto la rebaja de los impuestos nominales meramente disimula más bien que reduce el peso".
Por todo lo visto podemos concluir que no obstante que existen aspectos positivos de la relación de Argentina con el FMI, no nos cabe la menor duda al respecto de los errores de evaluación a los que nos hemos referido en nuestro análisis. Por supuesto ignorar los aspectos negativos de la situación económica argentina no es un factor favorable, pero no debemos olvidar que ellos se deben no a la política actual sino a la heredada del gobierno de los Kirchner. Si bien seguimos considerando que el factor preponderante del desequilibrio económico argentino es el actual nivel del gasto público, no podemos dejar de reconocer la dificultad que implica su reducción. Es más dada la situación la rebaja del gasto tiene efectos de "política incorrecta". Pero no podemos dejar de evaluar lo que consideramos los errores del análisis del FMI a los que nos hemos referido.
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