10 de abril 2012 - 00:00

Lo que el viento se llevó

Que nuestra querida tierra está enviando señales está más que claro. El cambio climático no es un tema debatible, más bien una realidad que se manifiesta de distintas maneras. Una de ellas fue sin duda la nevada en Buenos Aires aquel 9 de julio de 2007.

El miércoles pasado se desató en sectores del conurbano bonaerense un tornado, hecho climatológico inesperado en estas zonas. El trágico temporal trajo muertos y problemas serios para varios sectores de la población. Hubo algunos clubes de rugby que sufrieron consecuencias de distintos niveles -todas materiales- ya que por suerte no hubo que lamentar la pérdida de vidas humanas.

«Era horario de entrenamiento de los juveniles en el club, tanto de rugby como de hockey y por suerte había muchos padres y adultos que ayudaron a evitar males mayores», le cuenta a Ámbito Financiero Guillermo Ugartemendía, entrenador y referente del club Los Matreros.

Esta institución tiene dos sedes: una en el centro de Morón donde entrenan sus equipos y una segunda en Villa Malaver donde están sus canchas y en la que hace las veces de local. El embate del viento lo sufrió sobre todo su sede central en Morón. «Cuatro de las seis torres de iluminación cayeron; tres de ellas sobre la avenida Sarmiento, totalmente dobladas», recuerda el ex Puma. Todos los que estaban en el campo de entrenamiento buscaron refugio en el bufé del club, pero estando allí, «por suerte hubo gente que notó movimiento en las paredes. Salieron y eventualmente las paredes cayeron».

Otro de los clubes que sufrió fuertemente el paso del temporal fue DAOM, en el Bajo Flores. Según informaron desde el club, «los daños causados son cuantiosos. Se derrumbó por completo un paredón de 130 metros de largo y cuatro de altura; se voló el techo de la pileta climatizada y se dañó la estructura que la sostenía; se quebró el techo de la escuela para chicos con capacidades diferentes que funciona dentro del club; dos árboles cayeron sobre las alas del bufé/restorán del club dañando sus techos y estructuras; otro árbol cayó sobre dos canchas de tenis; fue perjudicado el techo de un quincho; la cancha de hockey sintético que se estaba construyendo en el fondo del club quedó dañada en su estructura y barandas y el monte de árboles, sobre un ingoal de la cancha principal de rugby, prácticamente cayó por completo. También se derrumbó una de las columnas que daba iluminación a las canchas de béisbol y rugby y quedaron muy dañados los dos gimnasios polideportivos».

La URBA estuvo en contacto con los clubes damnificados y habrá que ver de qué manera la comunidad de rugby se junta para ayudar.

La Semana Santa trajo poco descanso en los clubes afectados. Una vez que paró el viento, comenzó el trabajo de limpieza y a pensar en mecanismos para generar fondos para recuperar lo que el viento se llevó. «Hubo muchos clubes que nos ofrecieron sus instalaciones para entrenar; nuestro plantel superior lo hará en Virreyes en un principio,» agradeció Ugartemendía. «Veremos cómo hacemos con juveniles, infantiles y las chicas del hockey que no pueden desplazarse».

Como cierre planteó cuáles son, para los clubes afectados, los nuevos desafíos. «Inversión y financiación para poder estar como antes».

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