16 de julio 2013 - 00:00

Lombardero, el viaje de lo moderno al barroco

Marcelo Lombardero
Marcelo Lombardero
Desde el sábado pasado (y con más funciones el 20 y 27 de julio y 3 y 9 de agosto), la flamante compañía Teatro Musical Contemporáneo presenta "Bromas y lamentos, un espectáculo con otras canciones de amor", con idea y dirección escénica de Marcelo Lombardero y dirección musical de Jorge Lavista, en el bar-teatro Hasta Trilce (Maza 177). La propuesta está basada en composiciones tardías de Claudio Monteverdi y otras de Francesco Cavalli y Tarquinio Merula, e integran el elenco los cantantes Oriana Favaro, Cecilia Pastawski, Santiago Burgi, Pablo Travaglino y Mariano Fernández Bustinza. El ensamble dirigido por Lavista (especialista en música del período barroco) se completa con Joëlle Perdaens, Eugenia Montalto, Pablo Angilletta y Miguel de Olaso. La ambientación escénica pertenece a Noelia González Sbovoda y la iluminación a Horacio Efron. Dialogamos con Lombardero:

Periodista: ¿Cuál es el origen de este espectáculo?

Marcelo Lombardero:
Me convocó Miguel Galperín, productor ejecutivo, para ver si tenía ganas de pensar un proyecto conjunto, y se nos ocurrió armar un pequeño experimento al que un poco pomposamente le hemos puesto Teatro Musical Contemporáneo. Para mí fue una alegría porque mis canales de comunicación en este país están bastante limitados, y tener este espacio donde hacer cosas por gusto personal me parecía una muy buena oportunidad. Nos ofrecieron este lugar y me encantó. Hacía tiempo que tenía ganas de hacer algo alrededor de este repertorio.

P.: Puede resultar paradójico que una compañía con ese nombre comience con un regreso al barroco italiano...

M.L.:
Yo soy muy paradójico siempre. La mirada teatral es contemporánea, la música puede ser de cualquier época. Justamente me parece que esta música tiene tal modernidad que estaba bien acercarla y ponerla en una cotidianidad. Intentamos también comprobar una teoría: la de que esta música suena hoy más moderna que alguna otra música que pretendidamente ha sido o es más moderna. Las miradas estéticas van y vienen, pero esta música, su contacto con la emoción directa del texto y con algún tipo de progresión armónica y melódica, se acerca un poco a la balada pop y a nuestro entorno sonoro. El espectáculo transcurre en este bar que no se altera, y donde algunos parroquianos se ponen a cantar estas canciones en actitudes contemporáneas. Todo es posible con el apoyo musical fabuloso de Jorge Lavista y con cantantes que se entregan a todo, en especial al vértigo de la cercanía, que para un cantante es un león a vencer, porque es como un mago que hace magia a 10 centímetros del público, con lo cual en este ámbito y con esta música intentamos des-impostar la impostación.

P.: ¿Acercarse más a la sonoridad de aquella época?

M.L.:
Sí, pero con un paisaje urbano sonoro que no podemos evitar: estamos a metros de la calle, y ese paisaje sonoro forma parte de nosotros y no hay que negarlo: hacer una recreación fidedigna del Seicento es imposible.

P.: El ensamble musical es de especialistas, pero algunos de los cantantes abordan el repertorio por primera vez. ¿A qué se debe esta elección?

M.L
.: Los cantantes que descubrieron este mundo me aportaron un candor y una libertad que yo necesitaba para este espectáculo. Hemos trabajado los aspectos interpretativos muy exhaustivamente con Jorge: para bien o para mal me metí mucho en la preparación musical, sobre todo en la forma de decirlo, más allá de que como cantante nunca hice por mis condiciones vocales que no se adaptaban a este tipo de música. Pero siempre amé este repertorio.

P.: De hecho se lo identifica más con la música del siglo XX...

M.L.
: Es mi gran amor, pero siempre amé este período por la potencia dramática de la música, por su verdad teatral y lírica. En términos musicales se emparenta muchísimo con los principios del siglo XX, y de hecho compositores como Schönberg con el "Pierrot Lunaire" abrevaron aquí, volviendo a que la palabra sea tan importante como la música o que la condicione. Hay un eterno retorno en esta discusión, por lo cual para mí este repertorio no pierde su vigencia.

P.: ¿Cuál fue el criterio que se utilizó para seleccionar los fragmentos que integran el espectáculo?

M.L.:
Hay muchas cosas que yo tenía en mente, sobre todo de los "Scherzi musicali" de Monteverdi, algunas piezas que creo que nunca se han escuchado aquí, y el resto fue una elección conjunta con Jorge: a medida que yo le expresaba necesidades de contar cierto tipo de cosas o crear un enlace musical él aparecía con las propuestas.

P.: ¿Hay una línea argumental?

M.L.
: No es necesaria, y además sería poner de relieve una historia cuando lo que queremos poner de relieve son sensaciones. Sí hay una puesta en espacio. El espacio sonoro está muy trabajado, los cantantes ocupan distintos lugares de la sala, y eso tiene que ver con una cuestión de estilo y de época, porque en aquel entonces eran amantes de las puestas espaciales, los ecos, etcétera. Hay mucho de eso, mucho de sorpresa y sensación: la idea es que la música y la poesía hablen por sí solas.

Entrevista de Margarita Pollini

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