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Lorenzetti quiere renunciar a nuevo mandato en la Corte
Ricardo Lorenzetti y Elena Highton de Nolasco
Highton de Nolasco ha comentado en reiteradas ocasiones que el único de los ministros en condiciones de conducir la rutina diaria de la Corte es Lorenzetti. A esa idea suscribe también Maqueda. Con esas cartas sobre la mesa nada haría suponer que el próximo martes la Corte elija otro camino del ya conocido.
En el entorno del justice conocen esta realidad, pero también registran los señalamientos del oficialismo sobre presuntas irregularidades en la acordada que devino en la nueva reelección de Lorenzetti (la que se iniciaría en enero de 2016), concretamente en lo referido a la firma de Carlos Fayt. En el Gobierno juegan actores dispuestos a judicializar esa cuestión y reflotar una trifulca que cumpla con la táctica de mantener a los ministros lo más lejos posible de su tarea original: resolver expedientes.
La Corte está impedida de negar sus propios actos. Si Highton de Nolasco y Maqueda continuaran reticentes a asumir la presidencia, el paso lógico sería rechazar la posible renuncia de Lorenzetti. El blindaje definitivo sería que en ese acuerdo la presencia de Fayt fuera imprescindible. Hace diez días el ministro decano fue visitado por dos camaristas federales que dijeron haberlo encontrado en buenas condiciones intelectuales. Es la imagen diametralmente opuesta que ofrece el kirchnerismo que querría que Fayt se someta a estudios médicos, en lo posible a pedido del Congreso (ver nota aparte).
El "cansancio moral" que alega Lorenzetti tiene sus antecedentes en el cuarto piso de la calle Talcahuano. Antes de renunciar a la Corte, tanto Jorge Bacque como Gustavo Bossert hablaron de ese cansancio particular. El primero se quejaba de la ampliación del tribunal dispuesta por la administración de Carlos Menem y el segundo formalizó su salida luego de eludir a la Comisión de Juicio Político del Senado, durante el Gobierno de Eduardo Duhalde.
Tiempo después de la salida de ambos ministros, en sus conversaciones reservadas dieron a entender presiones de distintos actores de la política. El mismo causal que ayer dominaban ciertos conciliábulos cortesanos, apenas conocida la novedad de Lorenzetti. Sobre el origen de esas supuestas maniobras, las opiniones eran más difusas.
El presente de la Corte no basta para poner fin a ciertas aspiraciones de la política, que durante los próximos siete días ofrecerá, en diversos entretelones, especulaciones de diverso tenor sobre si el próximo mandato al frente de la Corte será para Highton de Nolasco o para Maqueda. En el peronismo, que en las últimas semanas se asume como altamente competitivo de cara a octubre, Maqueda es una opción tentadora, especialmente por el trato que el justice tiene con gobernadores de ese espacio, varios de ellos con cuestiones de peso en el tribunal y que justamente ayer confluyeron en Balcarce 50.
A pesar de ese juego de nombres, nada cambiaría demasiado. Maqueda tiene una sintonía absoluta con Lorenzetti. En el caso de Highton existen ciertas disidencias, pero que en la práctica sólo se exteriorizan en la discusión sobre aspectos puntuales de los fallos que trata la Corte. Juntos encabezaron la reforma del Código Civil y Comercial y en todos los momentos decisivos se mostraron alineados.
La vacante actual y la posibilidad de nuevas le confieren al presidente de la Corte, sea quien sea, la responsabilidad de atravesar la transición hacia la nueva composición.
Un escenario que se potencia al extremo si antes del 10 de diciembre el kirchnerismo vota en el Congreso la ampliación de la Corte con el objetivo de ser un actor legislativo elemental para favorecer los 2/3 necesarios.
Por su parte, anoche Lorenzetti viajaba rumbo a Roma para promocionar el nuevo Código. En su entorno le restaban chances a una posible imagen con el papa Bergoglio.


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