Los que integramos el mercado de capitales tenemos un deber fiduciario con la República. Esto es lo único que justifica moralmente nuestros altos salarios y ganancias. «El mercado» sólo prospera cuando los derechos de cada una de las personas son respetados a rajatabla, de manera que puedan intercambiar sus activos con absoluta libertad informativa y material (canalizando fondos económica y rápidamente donde sean necesarios). El único régimen político que garantiza esto es la «res-pública» (los asuntos o negocios del público; i.e. los derechos de todos los ciudadanos), de allí el deber que tenemos de cuidar y fomentar la República y sus principios. Las estructuras más exitosas de mercados conservan el poder en manos de la gente y dividen la operatoria de la custodia y de la regulación (en una entidad privada autorregulada, que sin fines de lucro representa a todas las partes -y un ente estatal que persigue los actos criminales-). Uno de los problemas de este entramado es que al no tener un afán de lucro y en pos de cumplir con su objetivo (que requieren la mayor capitalización posible, para asegurar la independencia económica del estado o cualquier actor privado) la entidad autorregulada se puede transformar en apetecible botín para los más inescrupulosos. Poco importa que sean 400, menos o más, engañados o no, o que tengan un guiño del Gobierno; quienes por vulgar codicia quieran imponerle un objetivo de lucro al regulador -para embolsarse el dinero, dándole el control total del mercado al Estado- no hacen otra cosa que atentar contra la República y sus conciudadanos. ¿De qué lado está usted? Ayer el Dow cedió un 0,93% a 13.880,08 puntos, según algunos por la crisis europea, pero esto no explica por qué lo peor le tocó al sector tecnológico.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario