9 de mayo 2012 - 00:00

Los gremialistas y el fútbol

Víctor Santa María es secretario general del Suterh, pero además es legislador de la Ciudad por el Frente para la Victoria y director de la revista Caras y Caretas.
Víctor Santa María es secretario general del Suterh, pero además es legislador de la Ciudad por el Frente para la Victoria y director de la revista Caras y Caretas.
El desembarco de Víctor Santa María como nuevo presidente de Sportivo Barracas seguramente revitalizará a un club que estuvo privatizado por casi una década y que venía en gran decadencia, tanto que está último en los promedios en Primera D y este fin de semana puede quedar desafiliado de AFA por un año.

El viejo y glorioso Sportivo Barracas, aquel que en el albor del siglo veinte era el equipo más popular de la Argentina y en su cancha (ahora ocupada por una plaza en Vélez Sarsfield e Iriarte) se jugó aquel partido con los campeones olímpicos uruguayos de 1924, donde Césareo Onzari hizo el primer gol de córner (que se llamó para siempre gol olímpico) y donde se puso el primer alambrado porque la gente invadía la cancha, está en su peor momento.

Devastado y desarraigado por una empresa privada (que manejaba el periodista Enrique Sacco) que le cambió el barrio por la ciudad de Bolívar, fue dejado a su suerte en 2010. Pero este desembarco es parte de la vuelta de sindicalistas y políticos (Santa María reúne las dos condiciones) al fútbol para dirigirlo.

No es el único, porque su vecino y rival histórico, Barracas Central, es presidido por Claudio Tapia, el yerno de Hugo Moyano, y al equipo le pusieron el mote de «Camioneros», y Chacarita está siendo manejado por Osvaldo Lobato, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica de San Martín.

Tapia subió a Barracas Central a Primera B, después de 63 años, y Lobato agarró a un Chacarita en declive que prácticamente está descendido del Nacional B.

En las décadas del 50 y el 60, algunos gremios intentaron afiliarse a AFA con sus clubes y dos lo lograron: Comunicaciones, que representaba en ese entonces al poderoso gremio de los carteros, y Luz y Fuerza, que jugó hasta principios de los setenta en primera C.

Comunicaciones está en quiebra y lucha para que otro gremio (el de Moyano) no se quede con sus instalaciones y su historia. Además, tanto Camioneros como la UTA (Unión Tranviarios Automotor) tienen un equipo cada uno, que representando a la liga de Luján intervienen en el Argentino C y buscan llegar al Nacional B. En Tucumán, la UTA tiene un equipo en la primera de la Liga, por lo que la llegada del secretario general de los encargados de edificios (SUTERH) no va a ser una rareza en este presente.

Siempre se emparentó más a la dirigencia del fútbol con la política que con el gremialismo y el caso más notorio es el de Mauricio Macri, que logró gran popularidad como presidente de Boca y eso lo catapultó al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

En este momento, salvo Aníbal Fernández, que preside Quilmes, hay muy pocos casos de políticos de renombre que presidan clubes, pero sí hay muchos que apoyan desde afuera, como el propio Macri con Daniel Angelici en Boca; el intendente de Tigre, Sergio Massa, a Rodrigo Molinos (concejal oficialista en su Gobierno municipal) y presidente del Club Atlético Tigre; Hugo Curto (intendente de Tres de Febrero) con Estudiantes de Buenos Aires, y Alejandro Granados (intendente de Ezeiza) con Tristán Suárez (que ahora preside su hijo Gastón).

Santa María, que además de secretario del SUTERH es legislador de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente para la Victoria y director de Caras y Caretas, seguramente le dará un gran salto de calidad a un club barrial que estaba en franca decadencia y que tiene enclavada su histórica sede en la calle Iriarte, el corazón de Barracas.

Tiene un trabajo difícil porque está fundido, pero con sus vinculaciones políticas y gremiales puede llegar a levantarlo.

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