17 de agosto 2009 - 00:00

Los mares de Silvina Benguria

Los mares de Silvina Benguria
Las bañistas regordetas, alocadas y excesivas que Silvina Benguria pinta con destreza, volvieron en estos días a la galería Rubbers. La alegría desprejuicida que transmite la artista, está presente en la coquetería de las marineritas que desafían las olas sobre la cubierta; se advierte en la pasión que derrochan cuando se abalanzan con sus formas rotundas sobre los uniformados marinos, en sus boquitas pintadas y en sus gestos feme

Benguria, fiel representante del Pop argentino, ha vuelto a surcar los mares y esta vez pintó un cielo estrellado como los de Hollywood, además de una imagen que parece ser el motor de la exhibición: unas chimeneas inclinadas de las que surgen ardientes vapores rojos.

Con una libertad esencial y sus restallantes colores de fantasía -que no existen en la vida real-, Benguria hace coincidir la poesía y la cursilería, todo en la misma muestra.

Hay un poético paisaje con dos inmensas proas que se levantan en medio de la noche, y esas formas poderosas traen consigo el recuerdo de todos los barcos que habitan nuestra memoria. Detrás de esas naves majestuosas, también como una evocación, surge la silueta de un buque de ensueño, entre nubes color rosa que se recortan sobre la profundidad del cielo azul.

Sin embargo, al final de la exposición, casi como un desafío, hay unas vistas cursis, semejantes a las de una postal turística. Se trata de unos elefantes marinos que descansan juguetones sobre los barcos, mientras el resplandor del sol dibuja destellos anaranjados sobre su brillante pelaje.

La influencia italiana en general, y la de Federico Fellini en particular, se ve acentuada en esta exposición; se percibe en el humor, en la dulce tendencia al grotesco de algunos personajes, en las formas estilizadas de unas naves que enfrentan al espectador y parecen salirse del cuadro, y en el relato de la añoranza que arrastran los viajes, con sus reencuentros y sus despedidas.

A.M.Q.

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