27 de enero 2011 - 00:00

Los medios difunden una violencia que puede ser contagiosa

Los medios difunden una violencia que puede ser contagiosa
Escenas de verdadera violencia entristecen nuestro fin de año. Corridas, golpes, muchedumbres desconcertadas, muertes, heridos; todos deseamos que tanta violencia se termine. Sin embargo, médicamente hablando, la violencia es un mal que puede ser contagioso, especialmente entre los jóvenes. Y se propaga a través de los medios de comunicación, los videojuegos y la exposición pública de escenas de daño a seres humanos.

Debemos reconsiderar seriamente la forma en que exponemos la violencia y el crimen en nuestros medios, el efecto de los entretenimientos violentos para los adolescentes, y los tristes espectáculos de violencia callejera con que se mortifica a nuestra población. De otro modo, la violencia puede volverse epidémica.

Existen numerosos estudios epidemiológicos que han intentado dilucidar los factores sociales responsables de la criminalidad. Hasta ahora son importantes: pobreza, violencia doméstica, acceso a las armas de fuego, vivir en barrios con alta criminalidad y el uso de drogas. Todos ellos favorecen la delincuencia en jóvenes. Pero existen propagadores masivos que comienzan a llamar la atención: televisión, internet y videojuegos.

En un programa de televisión se muestran de 3 a 5 escenas de violencia por hora, y en un programa para niños, entre 20 y 25. Básicamente los niños sólo miran violencia. Además, el 60% de la programación contiene escenas de este tipo. Según algunos estudios, cada hora diaria de TV que se suma durante la adolescencia (14 años de edad) podría aumentar hasta un 50% el riesgo de cometer delitos durante la juventud (entre los 22 y 30 años de edad).

Y si bien las estimaciones varían, todas coinciden con seis asociaciones norteamericanas de pediatría, psicología y psiquiatría infantil en que habría «una relación causal entre la violencia televisiva y las conductas violentas de la niñez y la juventud».

No son ajenos a estos efectos contagiosos de la violencia los noticieros. La exposición inadecuada de escenas de violencia en las noticias podría tener consecuencias similares a los programas de entretenimientos. Sobre esto ya surgen las primeras investigaciones.

Tanto o más seria es la cuestión de los videojuegos. La violencia de sus contenidos es mucho más compleja, pues se refuerza con relatos cargados de valoraciones antisociales. Muchos psiquiatras forenses han reportado que los criminales jóvenes muestran casi invariablemente antecedentes de abusar de videojuegos violentos y de pornografía. Ambas conductas podrían potenciarse.

Por último queda la violencia callejera. Se ha observado que entre los jóvenes que delinquen es más frecuente el antecedente de haber asistido personalmente a una escena de asesinato o golpiza. Las comunidades que explicitan la violencia con mayor promiscuidad tienden a perpetuar el círculo vicioso, porque los adolescentes son propensos a emular el delito que observan en su vida real.

La Argentina pacífica

Existía la vieja y sana costumbre en la Argentina de no hacer escenas de violencia frente a menores. Además, era vergonzante encabezar escenas públicas de violencia, y la buena educación y los buenos modales eran considerados de valor. Por otro lado, las noticias de violencia se exhibían con decoro. Eso ha cambiado dramáticamente. La política y el reclamo social se expresan cada vez con mayor bestialidad, las noticias se exponen sin el menor pudor y se permiten escaladas de violencia pública inusitadas.

Ahora bien, la pacificación de la sociedad, según los aportes de la epidemiología y otras investigaciones, requerirá como elemento imprescindible otro mensaje comunicacional. Y la responsabilidad es de todos.

Una serie de recomendaciones publicadas en la prestigiosa revista médica The Lancet, del Reino Unido, señala que los medios de comunicación deberían reducir la cantidad de violencia de sus programaciones, se debería favorecer el análisis crítico de la violencia entre los menores, habría que intervenir preventivamente para evitar las escaladas de violencia pública a niveles de espectacularidad inaceptables, y se debería esclarecer a los padres respecto de los serios efectos que los contenidos violentos de los videojuegos puede tener sobre niños y jóvenes.

Podríamos agregar que la política debe reducir a cero la violencia de su lenguaje. Nuestro problema de violencia es serio, y empeorará conforme se consolidan las tendencias de retroceso en educación, salud y pobreza. Además, el conflicto social está llevando la violencia a las calles con verdadera promiscuidad. Los nuevos argentinos asisten así a un ambiente social degradado que favorece el contagio de la violencia. Dado que las consecuencias de esta epidemia son letales, se impone actuar.

Podríamos salvar de 3 a 4 mil vidas argentinas al año, sin contar los heridos y hogares destrozados. Y la primera intervención consiste en comunicar racionalidad y respeto. Estas son medidas preventivas, y como tales mucho más eficaces que los ejércitos de policías, aunque vayan desarmados.



(*) Doctor en Medicina.

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