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Los nuevos clubes grandes
Vélez festeja campeonatos seguido y quiere una nueva Copa Libertadores; Estudiantes volvió a los primeros planos y Lanús está en constante crecimiento. Son los nuevos grandes del fútbol argentino.
Esos clubes son Vélez, Estudiantes y Lanús, y cada uno a su manera, basan su administración en presupuestos ajustados a la realidad, el trabajo intensivo en sus divisiones juveniles y el vender un jugador, a lo sumo dos por año a Europa para equilibrar las finanzas o para hacer obras de infraestructura que los ayuden a seguir creciendo.
El último campeón, Vélez, que ganó su octavo torneo superando a Racing, que tiene siete, y que está consolidado en el quinto puesto de la tabla de posiciones histórica, tiene tradición de grandes dirigentes, desde aquel legendario José Amalfitani, que tomó el club en Primera B y fundido y lo dejó campeón de Primera, con un estadio que es orgullo del fútbol argentino y un club en el que actualmente trabajan 600 empleados, más que en la mayoría de las fábricas.
Esa tradición la siguieron a su manera Ricardo Petracca, Antonio Pérez y Héctor Gaudio, y en los últimos años Raúl Gámez lo volvió a los primeros planos, primero con la llegada de Carlos Bianchi como técnico y después consolidando económicamente al club. La comisión actual, presidida hasta diciembre por Fernando Raffaini, sigue en la misma línea de generar jugadores propios, equilibrar las finanzas con una venta y hasta darse algún gusto repatriando jugadores como Augusto Fernández, el símbolo Fabián Cubero o el veterano Guillermo Franco.
La historia de Lanús es parecida a la del Vélez de Amalfitani o peor, porque el equipo, dirigido por un empresario de apellido Leiría, que era gerente de Sasetru a fines de la década de los 70 y comienzos de los 80, llegó hasta Primera C y allí un grupo de jóvenes, que eran militantes políticos de la Juventud Peronista, se unieron para «salvar al club» y con mucho trabajo lo devolvieron a Primera haciéndolo crecer año a año. Ahora tiene un estadio para 40 mil personas, todo de cemento, y en el Apertura 2007 logró el primer (y hasta ahora único) campeonato de su historia. Con técnicos y jugadores surgidos de sus divisiones inferiores, pelea todos los campeonatos y es candidato siempre a ganarlos. En esta temporada hasta se dio el gusto de repatriar a Mauro Camoranesi y quiere volver a tener a José Sand, al que vendió hace tres años al Al Ain de Arabia Saudita.
Estudiantes fue el primer equipo chico en ganar un campeonato, allá por 1967, y esa generación dirigida por Osvaldo Zubeldía logró la Copa Libertadores y la Intercontinental, empezando un crecimiento que con el tiempo se atomizó y volvió a surgir con esta generación con Juan Sebastián Verón como imagen más notoria. Dirigentes jóvenes y con pensamientos distintos, como Julio Alegre o el actual presidente Rubén Filipas, administraron el crecimiento con inteligencia. Comprando poco pero bueno y promoviendo a jugadores juveniles del club.
La diferencia entre estos tres clubes y los grandes tradicionales es tanta que en la tabla de promedios para el descenso que marca los tres últimos años Vélez le lleva 41 puntos al cuarto, Banfield, y 46 al primer grande que aparece que es San Lorenzo, que marcha séptimo.
Vélez sumó 206 puntos; Estudiantes 197 y Lanús 195 y el cuarto, Banfield (otro que está en una etapa de crecimiento), sumó 165. San Lorenzo y Boca sumaron 160; Racing 150; Independiente 147 y River, que pelea por no jugar la Promoción, 141. Por eso son un ejemplo a seguir, porque no tienen deudas y son muy firmes en lo deportivo. Tan firmes que cuando uno analiza candidatos a ganarlo al comienzo de un campeonato, siempre hay que tenerlos en cuenta.
Los grandes tradicionales, salvo Independiente que clasificó por ganar la anterior, penan por entrar en la Copa Sudamericana, mientros estos tres piensan en ganarla.



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