31 de agosto 2015 - 00:00

Los osos merodean a las Bolsas, pero EE.UU. se ocupa de espantarlos

 Lunes negro, sí. Y después miércoles y jueves de resurrección. Wall Street corrigió de prepo más del 12% desde sus máximos pero, lejos de abatirse, hizo de tripas corazón y contratacó con furia. La volatilidad se disparó (y la volatilidad de la volatilidad). Rota la brújula, el pánico del lunes negro trocó en vehemencia compradora. Que lo diga el NASDAQ, vibrante a los cuatro vientos: cerró la semana un 2,5% arriba tras remontar una caída que orilló el 8,8%. Baidu rebotó el 50%. Netflix y Starbucks, más del 30%.

Los osos merodean, Wall Street da batalla. Se dice que la Bolsa anticipa, y es así, aunque no queda muy claro qué. La recesión que se temía no sobrevivió al primer dato duro. La economía de los EE.UU. creció el 3,7% anual en el segundo trimestre y no el 2,3% como se estimaba. Desde principios de 2006 no asoma un número tan robusto. Las ganancias de las compañías, según las cuentas nacionales, crecieron el 5,1% entre abril y junio. Y en los últimos doce meses, el 7,3%. No está mal. Con la poda de valuaciones por la corrección bursátil es un endulzante ideal para alentar la recompra de posiciones. ¿Y China? China fue una excusa que no vino a cuento. La cotización del petróleo subió el 10% en una sola rueda, como no se veía desde 2009. Con que EE.UU. zafe del atasco se dio por bien pagado.

¿Pasó la zozobra? ¿Fue una falsa alarma? Así parece (y pareció siempre) ¿Ya hemos visto lo peor? Una vuelta de tuerca adicional no debe descartarse. Si se toma el S&P 500 esta es la tercera peor retracción desde que arrrancó el mercado alcista en 2009. Los "aguijonazos" de 2010 y 2011 fueron más largos y profundos. Ambos sufrieron un derrumbe vertical inicial muy potente y luego ensayaron una reversión fuerte -el patrón que se repite en la actualidad- pero, en los dos casos, el rebote se truncó al poco tiempo y le abrió paso a lo que sería la caída final, la que le puso el piso y el broche definitivos al movimiento a la baja. Que nadie se sorprenda, pues, si hay recaída y se desafían los mínimos del martes último. Una pista: el volumen creció "pari passu" con el derrumbe de los precios y se redujo, día tras día, en la pierna alcista de la recuperación.

Hay tres razones para pensar que el estrés no cesará de inmediato. Una, la frágil psicología de los inversores, puesta en evidencia por el propio ataque de pánico. Cómo pensar que no habrá remezones si, por el motivo que fuera, las cotizaciones vuelven a caer. Otra, la estacionalidad. Estamos todavía bajo la maldición del "Sell in May". Y septiembre es el mes con peor desempeño para el S&P 500 y el Dow Jones Industrial, desde 1950, y para el NASDAQ, desde 1971. ¿Supercherías? Seguro, que no terminan de arbitrarse y desaparecer. Hay septiembres amargos frescos en la memoria: el ataque a las Torres Gemelas en 2001, la caída de Lehman en 2008 y la discusión por el "techo" de la deuda en 2011. Todos ellos causaron estragos en la Bolsa.

El fantasma de la Fed y la suba de tasas de interés es la amenaza más tenaz. La marca a presión de Yellen & Cía no cejará pronto. Si el cónclave fuera mañana cuesta creer que se gatillaría un ajuste, pero la definición se estirará por casi tres semanas, hasta el próximo 17. Y mucha agua correrá bajo el puente. En la medida que la Fed quiera jugar a las escondidas, lo que ya se corroyó una vez, es candidato a repetir. Bill Dudley, quien maneja la mesa de operaciones, estrenó la esperanza de postergar la acción, pero Stanley Fisher, el número dos de la Fed, la pisoteó trascartón. Con ese serrucho de opiniones antagónicas alcanza para promover un nuevo derribo. Que haya nuevas escaramuzas no conduce a pensar en un mercado bear. No hay recesión en el horizonte cercano y la Fed aprieta pero no ahorca. Y, como sugieren los rebotes, los activos castigados por paliza militan en el terreno del "overshooting", de la exageración. Quien sobreviva hasta que Yellen suba las tasas (el riesgo es morir de un flash crash como el que asoló el lunes a los ETFs) recibirá el alivio de la descompresión, un merecido premio resorte. Si no es ahora será en diciembre. Cuando la estacionalidad haya cambiado de bando y sea una amiga influyente.

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