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Los países ricos aseguran vacunas; los pobres, relegados
A la espera de que la vacuna esté disponible, entre fines de setiembre y principios de octubre, muchos países adoptaron diferentes medidas -como el aislamiento de pacientes o el cierre de escuelas y restoranes- para contener el avance del virus H1N1, que desde su detección a fines de marzo en México causó 800 muertos.
Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los laboratorios farmacéuticos que ya suministran los tratamientos antivíricos no sólo podrán producir unos 800 millones de dosis anuales de la vacuna, cuando el planeta cuenta con unos 6.800 millones de habitantes, sino hasta el doble, si se confirma que cada persona necesitará doble dosis.
Los países de América Latina, la región más afectada por el virus, que allí causó unos 500 muertos, plantearon la necesidad de un acceso equitativo a la futura vacuna, sobre todo después de que el gigante farmacéutico suizo Novartis, el primer laboratorio que anunció estar en proceso de fabricación de la vacuna, descartó hacer donaciones a los países pobres, a los que sólo consentirá una rebaja en el precio.
Preocupación
«Hemos manifestado nuestra preocupación de poder contar con la vacuna cuando se empiece a comercializar a fin de año, porque tenemos información de que mucha de la producción ya está comprometida», afirmó días atrás el ministro de Salud, Juan Manzur.
La Argentina, en pleno invierno austral y con 165 muertos por la gripe porcina, es el segundo país más afectado por la pandemia luego de Estados Unidos, donde 263 personas murieron.


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