20 de enero 2014 - 00:00

Los últimos (mercados) serán los primeros: gana Grecia carrera de Bolsas

 ¿El que ríe último, ríe mejor? La Bolsa de Atenas, que como su país debió atravesar inenarrables penurias, es la única -en lo que va de 2014- que ya embolsó ganancias de dos dígitos. Sumando el 28% de 2013, la rentabilidad acumulada en poco menos de 13 meses orilla el 40% en euros. Y conste que sólo los inversores griegos sonríen; la economía y los ciudadanos, en las postales de la vida cotidiana, aún arrastran sus tristes pesares.

La Bolsa de Lisboa, a un tris de Bulgaria, es la tercera en el podio mundial con una suba que supera el 7%. España, Irlanda e Italia participan del lote de las diez que en 2014 picaron en punta (todas ellas, más del 5,5% arriba).

¿Uno de los rasgos distintivos de este año incipiente? Los infaustos que volcaron con la crisis europea concitan hoy más interés que preocupación (o, en todo caso, la preocupación por haberse quedado afuera). No es la suya la típica historia de los "perros" del año anterior como se llama en Wall Street a la estrategia de comprar los peores papeles de una temporada y apostar al péndulo que los convierta en los líderes de la temporada siguiente. El castigo bursátil cesó en 2012 (la crisis europea "terminó como espectáculo masivo cuando Mario Draghi asentó la voluntad a rajatabla de no permitir la ruptura del euro). Así, 2013 fue excelente. Todas las Bolsas citadas, como mínimo, aquilataron avances del 15%. Es un dato importante para quienes temen un quiebre de tendencias. Hasta aquí 2014 circula rápido sin apartarse de la huella heredada. Y hay buenas razones. Irlanda es el primer país que vuelve a los mercados de capitales voluntarios a pleno y sin las muletas de la asistencia multinacional. Fue arduo abandonar el hospital de tormentos de los eurorrescates. De ahí lo valioso de demostrar que la reinserción de los caídos no es una utopía. La deuda pública de España paga las tasas de 2006 cuando la convergencia, y no la fractura regional, era el credo dominante. Y la doble recesión europea, trabajosamente, va quedando atrás.

En el otro extremo del ranking se advierte el ocaso (¿temporal?, ¿secular?) de los dioses menores que alumbró la crisis internacional. La sufrida Europa se abre paso, los mercados emergentes chapotean en el barro. Lo que antes los benefició devino en lastre. La bonanza sin límites de las materias primas, la debilidad del dólar, las dudas sobre la estabilidad de las economías avanzadas. Todas cartas que han vuelto al mazo. Lo que la Fed baraja es el "tapering", lo que está en mesa es el prolijo desguace de sus estímulos. Y si bien comprar menos bonos que antes también es añadir liquidez, la percepción de los riesgos se altera y los emergentes padecen los efectos de una simultánea redistribución. Cuando debutó el QE2 en 2010 nada se irrigó antes que las materias primas y los mercados emergentes. Al replicarse la estrategia en septiembre de 2012 con el QE3 ya era distinto. El apogeo de los nuevos dioses ocurrió en 2011(de ahí datan sus récords) y la liquidez que se creó después eligió otros destinos. Ahora que el QE3 se retira, lo que se observa es un drenaje suave, pero lo que se teme es que, como aconteció entre mayo y julio, el reflujo de capitales se torne más abrupto y dañino.

¿Quién no recuerda el futuro brillante de los países BRIC? Pues bien, de momento, no cotiza. En un listado de 76 Bolsas internacionales, Brasil (-2,5%) y Rusia (-3%) militan en el peor decil. Recuérdese que el Bovespa, en moneda local, acarrea la mochila de una merma del 15% en 2013. Y el último escalón le pertenece indiscutiblemente a la Bolsa de China, que tras perder el 6,7% el año pasado, se hundió más del 5% en las primeras tres semanas de 2014. La inercia manda también en el fondo de la tabla.

¿Y qué pasa en Wall Street? La foto señala que hace la plancha. La película, en cambio, revela los altibajos de una confianza que, después de agradecer el retorno total del 54% en los dos últimos años, titubea entre cerrar los ojos y dejar que el rally fluya o poner los pies en polvorosa a tiempo, antes que la ley de la gravedad nos recuerde su vigencia. Que la inercia no haya sido expulsada de los otros templos ayuda a cometer el riesgo de quedarse en el sitio. Que sin esfuerzo aparente, como quien no quiere la cosa, el índice S&P 500 clave un enésimo récord (intradiario) impresiona. Un cuarto de sus compañías, esta semana, develará sus balances y expectativas y bien podrían aguijonear una definición más filosa.

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