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Lula le prometió a Dilma dejarle un real menos fuerte
Luiz Inácio Lula da Silva recibió ayer a su delfina, Dilma Rousseff, en el Palacio del Planalto, en Brasilia. Dijo que no participará en ninguna decisión de ésta, en un intento de despejar las versiones sobre un futuro «doble comando» del Gobierno brasileño.
Acompañado por su sucesora, Lula afirmó que la semana que viene asistirá con ella a la Cumbre del G-20 en Corea del Sur listo «para pelear» en medio de la guerra cambiaria entre China y Estados Unidos. «Nos aseguraremos de tomar todas las medidas necesarias para no permitir que nuestra moneda se aprecie de más», afirmó. El real cotiza cerca de sus niveles máximos en dos años, por lo que exportadores exigen acciones al Gobierno. El superávit comercial de los primeros diez meses cayó un 35% con respecto a 2009.
Rousseff, quien viajará con Lula a la reunión, hizo eco de esas palabras y llamó a los países a trabajar juntos para prevenir que aumente la «guerra» cambiaria. «En una situación como ésta, las soluciones individuales no funcionan. La última vez que comenzó una política de depreciación competitiva hubo una guerra mundial», manifestó Rousseff.
Aviones
Lula dejó claro que usará los dos meses que le quedan de mandato para allanar el camino a su ahijada política, que nunca antes ocupó un cargo de elección popular. Entre otros puntos espinosos, la semana entrante definirá la compra de aviones de combate por entre 4.000 y 6.000 millones de dólares; y la nominación de un juez de la Corte Suprema.
Varios medios locales estimaron que Lula prepara medidas de austeridad que apuntan a despejar los primeros pasos de Rousseff, pero esas informaciones fueron descartadas por el mandatario. «No hay medidas impopulares hacia adelante. No hay necesidad de ellas y ni Dilma ni yo queremos que eso suceda», manifestó.
Por otra parte, Lula, principal protagonista de la campaña que llevó a Dilma a ganar las elecciones del domingo último, indicó que dará «una lección de cómo se debe comportar un ex presidente», con lo que salió al paso a conjeturas sobre su posible influencia en la gestión de su sucesora.
«El Gobierno de Dilma tiene que tener la cara de Dilma», afirmó el mandatario, quien negó que pueda participar en discusiones para la conformación del próximo gabinete. «Un ex presidente no indica, no veta. Sólo puede dar consejos, pero siempre y cuando se lo pidan», declaró Lula, quien adelantó que desde enero estará «en la tribuna, hinchando por el éxito de Dilma y siempre aplaudiendo, nunca abucheando».
También descartó que pueda volverse a postular para el cargo en los comicios de 2014, ya que considera que «a rey muerto, rey puesto». Afirmó que la sola hipótesis «sería una temeridad», porque él, en lo personal, y su Gobierno mantienen tasas de aprobación en torno al 80%, con lo que «la expectativa será infinitamente mayor».
Según Lula, «todas las condiciones están dadas para que Dilma tenga cuatro años de éxitos» y para que en las presidenciales de 2014 aspire con «toda legitimidad» a un segundo mandato.
También envió un mensaje a la oposición, y pidió que mantenga un papel «constructivo» y «sepa diferenciar la pelea política y el interés del pueblo» brasileño.
Dijo, además, que Rousseff recibirá un país que comparó con «un automóvil en marcha, con el motor regulado y a 120 kilómetros por hora», pero apuntó que ella «podrá pisar más el acelerador», con el cuidado de «no pasarse un semáforo en rojo», porque «en economía no hay magia y nadie puede sacar un conejo de la galera».
En tono simpático y casi informal con la prensa, Rousseff anunció que tomará un descanso hasta el domingo, en un lugar desconocido.
La presidenta electa asumirá el 1 de enero con una situación ideal: crecimiento del PBI de más del 7%, una sociedad satisfecha con avances sociales y amplia mayoría en el Parlamento. Pero los desafíos son también enormes: las finanzas brasileñas necesitan de un ajuste del gasto, la moneda supervalorizada afecta las exportaciones y la competitividad de la industria, la pobreza extrema suma más de 20 millones de brasileños y el país que acogerá la Copa del Mundo en 2014 y las Olimpíadas de 2016 necesita grandes infraestructuras.
Agencias Reuters, EFE y AFP


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