8 de marzo 2016 - 00:15

Macri: apurado por aliados y sin tiempo ya para negociar

• EN MENDOZA, GOBERNADORES OFICIALISTAS Y OPOSITORES RECLAMARON A GOBIERNO NACIONAL QUE PROFUNDICE REFORMAS

El Gobierno de Mauricio Macri sufre por estos días un efecto que ya comenzó a enturbiar la relación con algunos aliados. Desde el interior llegan a la Capital Federal protestas cada día más frecuentes por los ritmos y estilos que el Gobierno le impone a la negociación de temas clave. Para ser más precisos, la agenda central de problemas del Gobierno hoy como son deuda, educación e inflación. Gobernadores aliados, de todos los colores, parecen haber revertido la máxima que indica que todo movimiento, político o económico, es más rápido en la Capital Federal que en el interior.

Los mendocinos están metidos en una guerra que debe librar ahora o nunca. Su reforma al sistema educativo incluyendo el conocido "ítem aula" que condiciona aumentos a que los docentes concurran a clases y no abusen del increíble régimen de licencias que tienen en todo el país, podrá votarse sólo mientras Alfredo Cornejo tenga poder intacto.

En Mendoza, los gobernadores no puede reelegir, aunque existan por estos días nuevos intentos de una reforma de la Constitución local. Por lo tanto, dentro de un año estarán metidos en la pelea por la elección legislativa y en 2018 su capital político se habrá jugado como para pretender instalar una pelea como ésta con todos los maestros locales en contra.

¿Entiende Macri ese ritmo de la política que también deben llevar otros gobernadores para imponer cambios? En el vuelo a Roma, donde lo invitó a la protocolar visita al papa Francisco, Macri alabó las reformas de Cornejo como más osadas que las nacionales. Al mendocino le corrió frío, le pareció que el Presidente no estaba dispuesto a tanto justo cuando esperaba apoyo de la Casa Rosada para librar algunas peleas como esa crucial con la educación.

Los radicales razonan amargamente en esa provincia sobre la estrategia nacional del macrismo. "Esteban Bullrich negocia como Cristina: les da 40% de aumento a los maestros sin exigirles reformas. Acá después nos ligamos el apriete de los gremios. La verdad que este PRO era desconocido para nosotros".

La deuda es otro terreno con pinceladas similares. Alfonso Prat Gay y el equipo económico cerró la negociación con múltiples fondos y dejó la pelota final para el Congreso, como debe ser. En el medio se cruzó el protagonismo de Sergio Massa, dueño del quórum, que hizo negocio con el error del Gobierno por el decreto de coparticipación que, antes de frenar el dispendio de fondos que decretó Cristina de Kirchner en sus últimos días, benefició a la Capital Federal armando un escándalo federal.

En esto también le ganan en ritmo los gobernadores a la Rosada. Ellos saben, quizás mejor que muchos macristas, que el futuro del Gobierno de Cambiemos pende del éxito de un acuerdo con los holdouts y al salida del default. "Parece que ellos mismos no terminan de entender que no hay vuelta atrás en esto", decía el fin de semana casi con sorpresa un gobernador que pasó unas horas por la Vendimia mendocina.

El secreto de esa negociación que pretenden es que Macri deje de alimentar a Massa y proceda a acordarles una suma fija mínima en reembolso y papeles con garantías de coparticipación para salir a buscar deuda. El incendio financiero en el interior es tal que el único miedo que tienen esos caciques es no poder salir a tiempo y que otras provincias les ganen. Fondos en el exterior hay, pero no son infinitos. El Gobierno es el primero que debería saberlo.

Macri se siente más cómodo en estos días con los peronistas con los que fue acordando gobernabilidad (es decir, poder votar leyes en el Congreso) que con algunos socios de Cambiemos. Debería preocuparse más por los movimientos que registra alguna parte de esos sectores del peronismo que, sin ser aliados formales, ayudan a la Casa Rosada en ciertos tironeos centrales. Uno de esos grupos es el sindical. Hugo Moyano sigue sin sacar los pies de los términos de acuerdo que cerró con Macri en los dos encuentros que tuvieron a solas. Pero al mismo tiempo sigue a paso firme el camino de la reunificación de la CGT, fantasma para cualquier Gobierno peronista o no y ordena a subordinados dibujar movimientos peligrosos para el macrismo.

Lo viene haciendo Moyano con la Confederación General de Trabajadores del Transporte. Ayer, Juan Carlos Schmid y Omar Maturano fueron a verlo a Miguel Pichetto al Senado. Le llevaron una agenda sobre cambios en Ganancias y, obviamente, la posible reunificación de las tres CGT. Pichetto, que tiene su propio proyecto de reforma al Impuesto a las Ganancias con un mínimo no imponible más alto que el que anunció Macri, es hoy quien debe garantizarle al Presidente la suficiente cantidad de votos en su bloque de senadores como para no complicarle la aprobación de la ley ómnibus que liberará el acuerdo con los holdouts. En ese rol recibe con pasión a todo peronista que vaya a buscar apoyo al Senado: cada peregrino del PJ que lo visita refuerza su posición ante el Gobierno.

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