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Macri-De Narváez, pistas de un cisne negro político
• EL PORTEÑO ASUME SU DEBILIDAD EN LA PROVINCIA.
• DE NARVÁEZ YA MIDE MEJOR QUE MASSA. LA TEORÍA DEL BENEFICIO MUTUO.
Mauricio Macri y Francisco de Narváez
- Sí... lo tengo hace poco.
- Ajá.
- ¿El tuyo es alquilado?
- No, me lo prestaron. Por hoy nomás...
La vista clavada en los azulejos, Mauricio Macri y Francisco de Narváez se entregaron a la ancestral urgencia biológica, mientras hablaban de aviones como dos pibes que espadean sobre quién tiene el celular más llamativo y moderno.
Por separado, habían volado a Tandil para un acto en la campaña contra un Néstor Kirchner que tenía como escoltas, en segundo y cuarto lugar, a Daniel Scioli y Sergio Massa. Aquella novela terminó el 28-J cuando el FpV perdió ante Unión-PRO, sello que anudó a De Narváez, Macri y Felipe Solá, por "dos puntitos" como dijo el expresidente esa madrugada.
Meses más tarde, cuando el kirchnerismo emergía de esa oscuridad, Carlos Zannini voceó durante una cena en Olivos con el matrimonio Kirchner una tesis que los peronistas que lo recelan invocarían como argumento para acusarlo de ser un "chino" entrista en el PJ, a pesar de que el funcionario avisó que jamás integró el PCR, la tribu emblemática del maoísmo criollo, sino que militó en una versión universitaria de Vanguardia Comunista.
- Gracias a que perdimos, nació el kirchnerismo -dijo Zannini-.
- No, pará Carlos: nunca es bueno perder -lo contradijo Cristina de Kirchner. •
En esos días, a fines de 2009, la alianza entre Macri y De Narváez había implosionado y dejaba un antecedente bravo que impediría que vuelvan a compartir una síntesis política y electoral. En ensayos posteriores, el trotyl que rompió los puentes fue más personal que político. Macri y De Narváez protagonizan un antiguo vínculo habitado por leyendas y chimentos.
Capas geológicas de desencuentros y celos impidieron, los últimos años, una tregua entre ambos. Pero la semana pasada, en distintos campamentos se empezó a explorar, siquiera como ejercicio teórico, la hipótesis de una fusión electoral entre Macri y De Narváez. El cisne negro que sería un pacto electoral entre esos dos viejos conocidos se alimenta de múltiples factores. Veamos:
•Las encuestas que circularon en la mesa de los martes del macrismo mostraron que Macri consolidó su distancia, de más de 5 puntos, sobre Sergio Massa pero se amesetó cerca de los 30 puntos. Y, lo más delicado, Daniel Scioli recuperó envión y parece escaparse.
•El macrismo, que pendula entre las bibliotecas de Jaime Durán Barba y la de Emilio Monzó, la academia versus la política, no encuentra receta para paliar la fragilidad de la provincia de Buenos Aires donde María Eugenia Vidal, laboriosa candidata, no sólo no le suma votos a Macri sino que ni siquiera captura el caudal que seduce el jefe de Gobierno. El PRO, en un TEG adolescente, calcula por cuánto puede perder (afirman que hasta por 9 puntos) en la provincia para entrar en el balotaje. Eso implica contemplar una eventual presidencia de Macri con un gobernador de otro signo político, seguramente un peronista.
•En el PRO entienden que la incorporación de la UCR, vía cumbre de Gualeguaychú que comandó Ernesto Sanz, le permitió a Macri superar a Massa, posarse en los 30 puntos e instalarse como el mejor opositor. Pero ese efecto se amortizó en términos de atracción de votantes y ahora, para jugar a ganar, Macri necesita mostrar otra carta. De allí, el sondeo para que Carlos Lole Reutemann sea candidato a vice para meter peronismo en la fórmula, peronismo "rubio" del que le gusta a Macri (tiene como gerente político a Emilio Monzó, peronista, rubio y con alguna alcurnia), pero cada 20 días llama a Hugo Moyano, lo consulta y le pide consejos, ritual que no repite ninguno de los demás presidenciables, y que hace que el camionero confiese su simpatía por el porteño. "Fue el único que me dio algo", dice.
•Cuando le plantean que entronice a un vice PRO, como Rogelio Frigerio o Esteban Bullrich, Macri responde: "Tráiganme uno mejor que Reutemann y hablamos". Pero el Lole, senatorial y moroso, prefiere repetir en la Cámara alta. Eso, al menos, interpretan -o quieren interpretar- los que lo decodifican, esa ciencia que se volvió esencial en la política. Reuteman sería, en el tablero PRO, un jugador para tratar de potenciar el juego en el conurbano bonaerense con una marca peronista aunque las encuestas del PRO revelan un dato que Macri conoce hace tiempo: el único dirigente que se mantiene competitivo, incluso luego del derrape de 2013, es De Narváez. "El Colorado es el único que le suma a Mauricio", confiesa un macrista. Lo saben, también, los massistas: sus encuestadores detectan que De Narváez mide, en varios puntos de la provincia, mejor que Massa.
• El ensayo de laboratorio entre Macri y De Narváez se potenciarían mutuamente: el porteño al sumar un candidato que le aporta votos; el bonaerense porque ampliaría el universo electoral y en una presidencial, donde el gobernador suele ser un factor periférico, ir atado a uno de los dos postulantes con mayor intención de voto es más tentador. Sobre todo porque Massa está en baja.
•En el macrismo y en el denarvaísmo avisan que, hasta acá, no hubo charlas y hasta consideran poco probable que la puerta se abra por la resistencia mutua. Por eso, a simple vista, el pacto Macri-De Narváez asoma como un cisne negro, un evento improbable que, de consumarse, generaría gran impacto. En el sciolismo le temen, como a pocas, a esa variable: Massa entró, dicen, en una pendiente irreversible y Macri tiene un techo que podría crecer con De Narváez, un actor que renació de las cenizas del 5,43% en octubre de 2013, turno en que Massa juntó el 43,96% y pareció el amanecer del inevitable futuro presidente.
•Hay un factor adicional cruzado: un eventual pacto Macri-De Narváez sacaría del abanico de posibilidades la bajada de Massa a la provincia, fenómeno que no agrada a ninguno de los dos: Macri, porque le teme a Massa como a pocos; De Narváez, porque lo correría del centro del ring como ocurrió en 2013. Para Macri hay un encanto adicional: De Narváez no puede ser presidente por lo cual se sacaría de encima el estigma de ser un presidente con un postulante acechando desde Buenos Aires.


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