22 de febrero 2016 - 00:22

Macri desata guerra buitres vs. Ganancias

Como en 2010, Thomas Griesa demostró que, para  bien o para mal, es coherente con sus fallos. El 26  de abril de ese año, el juez de Nueva York avaló la propuesta de canje de la Argentina y le permitió avanzar con el proceso. Antes, en 2005, no había aceptado presentaciones hasta el país hiciera su primera oferta.
Como en 2010, Thomas Griesa demostró que, para bien o para mal, es coherente con sus fallos. El 26 de abril de ese año, el juez de Nueva York avaló la propuesta de canje de la Argentina y le permitió avanzar con el proceso. Antes, en 2005, no había aceptado presentaciones hasta el país hiciera su primera oferta.
 Dentro de 8 días Mauricio Macri pronunciará ante la Asamblea Legislativa su primer mensaje como Presidente de la Nación. En el intermedio recibirá a Francois Hollande y viajará a Roma a reunirse con el papa Francisco. En ese tiempo que le resta debe terminar de definir el tono de fondo que le dará a su mensaje. Se escuchará la visión del Presidente para los próximo dos años de la Argentina, un repaso (más corto que lo imaginado a pesar las decenas de pronósticos sobre el tema) de la herencia recibida del kirchnerismo y finalmente los anuncios. Allí dirá que enviará al Congreso dos paquetes de proyectos clave para su administración: una reforma judicial y de seguridad, otra del sistema electoral (no tan amplia como se espera) y el paquete económico, tramo verdaderamente central del mensaje.

Macri jugará allí utilizando sus debilidades como fortaleza. El apuro mas grande que tiene el Gobierno hoy es la aprobación del levantamiento de la ley cerrojo, la ley de pago soberano y dos artículos que cierran cualquier posibilidad de un acuerdo con los holdouts por afuera de los límites del canje. Uno de ellos tiene, además, una cláusula extra que los diputados y senadores le incorporaron al último proyecto de reapertura del canje que les envió Cristina de Kirchner, toda una osadía rebelde para esos tiempos. Allí se estableció que sólo el Congreso, como corresponde, puede decidir el final de la operación de acuerdo con los bonistas en default.

El presidente, entonces, le pedirá al Congreso que dé ese paso, último escollo para liberar un acuerdo en Nueva York . Hasta ahora el Gobierno tiene el compromiso del peronismo en el Senado de no entorpecer esa operación y en Diputados el número suficiente para aprobarla. Pero en el medio deberá utilizar, como se dijo, la última debilidad que instaló en su discurso: la decisión de no poner en vigencia la reforma a las escalas del Impuesto a las Ganancias sobre los salarios. Sin esos cambios los anuncios de suba en el mínimo no imponible el impuesto se relativiza y con la próxima paritaria hasta pueden naufragar para muchos.

Macri necesita los votos de Massa en Diputados y de Miguel Pichetto en el Senado para aprobar la derogación del cerrojo. Ambos piden ahora aparecer como los salvadores de ese bache que creó el Gobierno entre la expectativa por una mejora sustancial en salarios a través del impuesto, a cambio de una moderada suba en paritarias que no alimente mas la inflación, y la realidad que el propio Macri desnudó el viernes cuando postergó el esperado cambio en las ya famosas tablitas de Ganancias.

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