Macri logra (por ahora) lo que radicales no pudieron

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Si de algo Mauricio Macri se cuida es de evitar que se lo compare con los últimos dos gobiernos radicales. Cargar con el karma de 88 años de que un presidente electo no peronista -como fue el caso de Marcelo T. de Alvear- no pueda terminar su mandato es motivo suficiente para tomar recaudos. Para no tener un final tan condicionado por el peso de la historia, entonces, lo mejor es decidir un comienzo diferente.

Con esta lógica se puede leer el desenlace de la polémica ley antiempleo, aprobada por el Congreso y vetada por el Ejecutivo, que le permitió al Presidente la posibilidad de atribuirse un logro que Ricardo Alfonsín y Fernando de la Rúa no pudieron: el de sortear con éxito la primera embestida de la oposición peronista encarnada por el aparato sindical.

Si bien la matemática legislativa jugó en su contra, supo mover las piezas para, desde esa debilidad, facilitar al FpV la aprobación de su proyecto y ejercer su autoridad para vetarlo. Un gesto que reafirmó el apoyo de sus adeptos y, a su vez, dejó al sindicalismo más pesado en el lugar incómodo de desistir de una huelga general. Lo hizo, además, apelando al lenguaje que tan bien hablan los popes gremiales. La promesa de unos $ 2.700 millones extras para las obras sociales es motivo suficiente para recapacitar sobre la defensa de una ley que, en esencia, muy pocos creen efectiva.

Mientras tanto, el jefe del PRO ganó tiempo y le envió al sindicalismo el mensaje de que, en principio, la historia no tiene que repetirse.

Ni Alfonsín ni De la Rúa

No tuvo Alfonsín semejante resultado. Su proyecto de reordenamiento sindical o "ley Mucci" -en alusión a su ministro de Trabajo- naufragó por dos votos en la Cámara de Senadores, donde el radicalismo tenía minoría. Fue el 14 de marzo de 1984, a tan sólo tres meses de asumir, y son muchos los que afirman, en el relato histórico, que esa derrota signó la suerte del Gobierno.

Por esa iniciativa, los líderes gremiales que durante la dictadura transitaron caminos distintos, decidieron unirse en una conducción colegiada de la CGT encabezada por Saúl Ubaldini, Osvaldo Borda, Raúl Baldassini y Jorge Triaca, padre del actual jefe de la cartera laboral. Envalentonados con ese triunfo legislativo, seis meses después realizaban la primera de las 13 huelgas generales al Gobierno de la UCR.

Fernando de la Rúa pareció tener mejor suerte ya que su proyecto de Flexibilización Laboral, que tenía el rechazo de casi todo el espectro sindical, logró a los cuatro meses de haber asumido, la aprobación del Congreso. Pero a un costo muy alto. El debate legislativo terminó envuelto en un escándalo, con denuncias de corrupción y sobornos, que eternizó una frase atribuida al entonces ministro de Trabajo, Alberto Flamarique: "Para los senadores tengo la Banelco...". La lanzó el eterno Hugo Moyano, jefe de la CGT disidente a comienzos de siglo, y si bien la Justicia, años después, absolvió al ex funcionario radical, fue un golpe mortal para el incipiente Gobierno de la Alianza. Su vicepresidente, Carlos "Chacho" Álvarez, renunció por este caso dejando a un De la Rúa a la deriva. El 5 de mayo de 2000 -a cinco meses de asumir De la Rúa- Moyano realizó el primer paro nacional en rechazo a la reforma aprobada. Tuvo una adhesión parcial pero marcaba el inicio de la debacle de la última gestión radical que terminó con los serios incidentes de diciembre de 2001.

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