9 de octubre 2014 - 00:00

Magníficos Gabetta y Antonini

La pasión por el detalle de Giovanni Antonini hacen de la audición una aventura apasionante, sea cual sea el repertorio que aborda.
La pasión por el detalle de Giovanni Antonini hacen de la audición una aventura apasionante, sea cual sea el repertorio que aborda.
Orquesta de Cámara de Basilea. Solista: S. Gabetta: (violoncello). Director: G. Antonini. Obras de S. Wirth, R. Schumann y L. van Beethoven. (Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 7 de octubre). 

Si la presencia de Sol Gabetta era para gran parte del público el mayor atractivo de los conciertos de esta semana en la temporada del Mozarteum, estaba claro que no era el único. La expectativa de su interacción con Giovanni Antonini (célebre fundador de Il Giardino Armonico) en un repertorio del siglo XIX, y el abordaje de sinfonías de Beethoven por parte del director milanés con la siempre eficaz Orquesta de Cámara de Basilea excedía la expectativa generada por presentaciones anteriores de Gabetta.

Como es habitual en las visitas de agrupaciones suizas, el programa incluyó (en el comienzo) una obra de un compositor helvético, en este caso Stefan Wirth, nacido en 1975. Su "Octeto para vientos" (2008) no aportó elementos significativos más allá de su pericia en la labor tímbrica, excelentemente plasmada por miembros de la OCB.

Cada visita de Gabetta parece mostrar una evolución en su hondura interpretativa y su comprensión del texto musical. Y también en la paleta de sus recursos musicales, que ella administra con devoción por la obra, sin incurrir en exhibicionismo ni superficialidad. Su conexión con Antonini y la orquesta en el Concierto de Schumann fue la plataforma ideal para que se desplegaran el lirismo, la profundidad y la unidad de esta partitura.

Los tres bises que regaló Gabetta fueron de una exquisitez que dejó en suspenso el aire: un arreglo para cellos del "Cant des Ocells" (que popularizó Pau Casals), una hermosísima versión para cello y orquesta de la canción "Après un rève" de Gabriel Fauré y finalmente una de las perlas de su repertorio: el "Dolcissimo", de Peteris Vasks, de increíble belleza en sus manos y su etérea voz de soprano.

El enfoque casi filológico y la pasión por el detalle de Giovanni Antonini hacen de la audición una aventura apasionante, sea cual sea el repertorio que aborda. En este caso interpretó la "Cuarta sinfonía" de Beethoven (él y los músicos de Basilea se encuentran abocados desde hace tiempo a grabar la integral, y el fruto de este trabajo es evidente) con una precisión que logró el milagro de exaltar la modernidad del discurso y la escritura beethoveniana rescatando al mismo tiempo un sabor original.

El único bis, la obertura de "Las criaturas de Prometeo", reafirmó esta capacidad de Antonini y de los notables músicos que lo acompañan para revitalizar la música de Beethoven, desde su naturaleza más profunda hacia lo más evidente.

Dejá tu comentario