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Mar del Plata aplaudió un bello film boliviano
Juan Carlos Valdivia, director de “Yvy maraey - Tierra sin mal”, que se exhibió en la competencia oficial del festival de Mar del Plata.
"Yvy maraey - Tierra sin mal", es al mismo tiempo una reflexión poético-filosófica, una película de aventuras, un viaje hacia la parte profunda de la América del Sur y hacia el propio ser americano, rastreando en forma indirecta el antiguo e inasible sueño precolombino, la "tierra sin mal" de los guaraníes. Cien años atrás, el etnógrafo sueco Erland Nordenskjold vivió con ellos y luego les dedicó grandes elogios en su libro "La vida indígena en el Gran Chaco". Ahora, un blanco y un nativo hacen un camino similar, que los lleva por la maraña del monte y por la maraña de sus propios pensamientos. "¿De qué color ves las cosas? Del mismo que tú. ¿Y cómo sabes tú de qué color veo las cosas?", ese es uno de los diálogos claves. A partir de allí, variedad de paisajes, de gentes, de dolor y de humor fino, a veces con un suave decir poético. En más de una ocasión Terrence Malik, Otar Iosselani, el propio Nordenskjold, sentirían esta obra como cercana a ellos. De antología, la música orquestada por Cergio (sic) Prudencio, que reúne temas de Domenico Zipoli con anónimos de instrumentos precolombinos, y la fotografía del filipino-americano Paul de Lumen recorriendo el Parque Nacional Kaa Iya, con montes y cerros como para perderse, donde algunos residentes se mueven con curiosa comodidad entre los siglos XXI y XV.
El autor es Juan Carlos Valdivia, que al término de la proyección hizo algunas aclaraciones: "En Bolivia hay 90.000 guaraníes frente a dos millones de quechuas y tres millones de aymarás. El blanco ya dejó de pisar fuerte. Entre todos, no nos llevamos bien. Somos un país que nunca terminó de ser mestizo, como la Argentina. Entonces se trata de convivir con la interculturalidad. Pero Bolivia tampoco ha terminado de entrar en la modernidad, y quizá por eso mismo cuando entre será en sus propios términos". "Me molesta eso de 'o piensas o sientes'. Para mí el pensamiento es un sentimiento, y los guaraníes saben eso, la suya es una lengua llena de poesía filosofal. Elio Ortiz, mi coprotagonista, está haciendo un diccionario en varios tomos de esa lengua, aunque mucho ya se ha perdido". En resumen, "Yvy maraey - Tierra sin mal" es una película notable.
También era la oportunidad de confirmar lo que acá tanto se dice acerca del lugar del cine latinoamericano en el festival, el valor cultural de los pueblos originarios y todo eso. Curiosamente, quien diseñó los horarios la mandó para la función de las 16.30 hs, dejando la función de la noche para una comedia norteamericana de diálogos improvisados también en competencia, "Drinking buddies", donde se desarrolla el nunca visto conflicto del chico que se engancha con la chica, ambos adictos a la cerveza y la charla vana. Una "indie" al gusto Bafici, por decir lo menos.
Pasando a la otra: antes de instalarse en España, Sebastián Alfie había dejado el recuerdo de un cortito delicioso, "Abrázame así, donde el abuelo contaba cómo conquistó a la abuela. Ahora volvió, con un "making off" también delicioso. Le habían pedido un corto relativo a operaciones de la vista en un hospital boliviano. Para rodarlo, fue a alquilarle equipos a un ex director de fotografía que tuvo que dejar la profesión debido a una inoportuna ceguera. "A veces sueño que todavía ilumino", supo decirle el hombre. ¿Adivina el lector a quién contrató Alfie para que haga la fotografía de una película sobre ciegos que recuperan (o no) la vista?
Increíblemente, el corto se hizo. Y también el film que muestra cómo se hizo, "Gabor", por el nombre del ciego. Lo que pudo ser un disparate, una aventura irresponsable, ha fructificado en una hermosa obra, divertida y finalmente emotiva, sobre la capacidad humana de aceptar desgracias, superar limitaciones, mantener la alegría. "Gabor" es de las más lindas sorpresas que aparecieron fuera de competencia en lo que va del festival marplatense.
En otro estilo, y para dejar de quejarnos por nimiedades, apareció también "Escuela de sordos", de Ada Frontini, registro directo de una docente en actividad, su paciente diálogo con cada chico, las salidas, las entusiastas charlas a pura seña con un docente sordomudo (escenas subtituladas, por supuesto). Película pequeña, agradable y además muy necesaria, rodada en Bell Ville, vale la pena conocerla, y conocer el esfuerzo de esa maestra y tantas otras como ella. Para quienes no se consideran sordos, ya pasaron "Existir sin vos: una noche con Charly García", "El blues de los plomos", "Serrat y Sabina. El símbolo y el cuate", "Rosita, la favorita del Tercer Reich" (biografía de Rosita Serrano, cantante chilena popularísima en la Alemania de entonces), "El Zurdo" (evocación del folklorista entrerriano Zurdo Martínez), "El padre de Gardel" (documental uruguayo que abona la peregrina teoría del nacimiento en Tacuarembó) y "Tango Bar", con el auténtico Zorzal Criollo, que en copia restaurada canta todavía mejor. Y ahora empezaron las películas mudas de Hitchcock. Musicalizadas en vivo, ahí está la gracia. Kabusacki y Mango, expertos en este tipo de actuaciones, colaboran de este modo con el mago del suspenso.
*Enviado especial


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