19 de febrero 2015 - 00:22

Marcha del 18-F: 2.400 pasos para "marcar la cancha"

Los manifestantes partieron desde la Plaza Congreso hasta la Plaza de Mayo, donde soportaron la lluvia y acompañaron la mayor parte del tiempo en silencio, excepto por el grito de “Justicia”.
Los manifestantes partieron desde la Plaza Congreso hasta la Plaza de Mayo, donde soportaron la lluvia y acompañaron la mayor parte del tiempo en silencio, excepto por el grito de “Justicia”.
 Son 2.400 los pasos que separan, aproximadamente, la Plaza Congreso de Plaza de Mayo. Ayer, bajo una intensa lluvia, decenas de miles de personas rompieron, por momentos, el protocolo de la masiva marcha del silencio convocada para homenajear, a un mes de su muerte, al exfiscal de la causa AMIA Alberto Nisman con aplausos y un simple grito unánime: "Justicia".

Para las 17.30, y con el comienzo de un diluvio que no cedió hasta el fin de la movilización, los manifestantes ya ocupaban toda la avenida Rivadavia, desde el Congreso de la Nación hasta la 9 de Julio. Las calles que confluían en la Avenida de Mayo, en ese tramo, también estaban anegadas.

Banderas argentinas, algunas uruguayas, y carteles blancos con las inscripciones en negro de "Verdad" y "Justicia" pusieron el marco en la previa, mientras personas se agrupaban en la Plaza Lorea para saludar y mostrar su apoyo a los fiscales que activaron la marcha. José María Campagnoli fue el más solicitado no sólo en ese momento, sino también cuando arribó, pasadas las 20, al escenario que armó el gremio de judiciales.

"No tiene sentido politizar esta marcha y ponerle condimentos fuera de lugar. Ésta es una marcha para pedir el esclarecimiento del hecho", aseguró a Ámbito Financiero la diputada nacional y precandidata a jefa de Gobierno porteño, Gabriela Michetti -cerca de las 18, mientras dialogaba con otra mujer en silla de ruedas que se acercó a hablar con ella-, al ser consultada sobre las declaraciones del titular de la Secretaría de Inteligencia (SI), Oscar Parrilli, quien dijo que en 1955, "días antes del bombardeo, también hubo una marcha silenciosa" y que "después, bombardearon la Plaza de Mayo y mataron a civiles".

Detrás de una bandera negra que, en letras blancas, resaltaba la consigna "Marcha del Silencio 18-F. Homenaje a Alberto Nisman", se agruparon la madre de Nisman, Sara Garfunkel; la exesposa del exmagistrado y actual jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado; sus hijas, y empleados del exfiscal.

Arroyo Salgado -de estricto luto-, Garfunkel y los fiscales pasaron por donde funcionaba la Unidad Fiscal AMIA, el lugar de trabajo de Nisman, y no hicieron declaraciones a la prensa, siempre protegidas por los empleados del gremio de Judiciales, quienes estuvieron a cargo de la seguridad y montaron una especie de corralito para evitar cualquier tipo de desmán.

A las 19, la Avenida de Mayo era una extensa manta de paraguas. A los manifestantes se les sumaba una importante columna de personas que partió desde la AMIA, en Pasteur al 600, escoltada por fuerzas de seguridad.

Los últimos tramos hasta llegar a la Plaza de Mayo se convirtieron en un desafío físico para los que marchaban: para cruzar el refugio que da el techo de la entrada a la Catedral Metropolitana hizo falta cargarse de paciencia y esperar, al menos, media hora.

Al grito de "Argentina, Argentina, Argentina", los fiscales y la familia de Nisman arribaron a la Plaza de Mayo pasadas las ocho de la noche. Allí, el titular del gremio de judiciales, Julio Piumato -aliado del líder de la CGT Azopardo, Hugo Moyano-, pidió que se bajaran los carteles ya que "la única consigna es la marcha del silencio".

Con la exigencia del "Nunca más, nunca más, nunca más", los manifestantes se hicieron oír, para luego ceder al minuto de silencio que solicitaron los organizadores. Para las 20.15, y a segundos de una desconcentración pacífica, el canto del Himno argentino a capela significó el fin de la marcha.

"Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen", dijo una vez el dramaturgo Oscar Wilde. Ayer, el silencio de los 2.400 pasos traspasó la lluvia, los colores políticos y llegó a los pasillos de la Casa Rosada.

También incomodó a un Gobierno al que no le gusta que le marquen "la cancha"
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