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Marianela Ñúnez:bailar en la cima
A los 34 años, dice sentirse aún lejos del momento del retiro. Además de su presentación en el Coliseo el sábado, esta temporada sumará un nuevo hito en su carrera: protagonizará por primera vez un ballet integral en el Teatro Colón, “ Onegin”, de John Cranko, sobre música de Chaicovsky.
Marianela. El sábado encabezará una gala internacional en el Coliseo.
Periodista: ¿Por qué decide dedicar cada año sus vacaciones a venir a bailar a la Argentina?
Marianela Núñez: Es el único tiempo del que dispongo durante el año, y quiero tener un contacto constante con mi país. Eso demoró un tiempo hasta que finalmente se dio, y ahora no quiero que se corte. Estoy feliz con la gira y también con mi primer protagónico de un ballet completo. Más no puedo pedir. Antes de eso participo en la Gala Internacional del Colón y también tengo dos funciones con el Ballet del Argentino de La Plata en el Coliseo. Estaré aquí alrededor de dos meses y medio.
P.: ¿Cómo se prepara para afrontar el protagónico de "Onegin" en el Colón?
M.N.: Es un ballet especial en todo sentido para mí, para los que forman parte de la obra, y para el público también. Tuve que esperar bastante para hacerlo. El Royal Ballet lo integró a su repertorio en 2002. Por mucho tiempo hice Olga, y cuando me tocó Tatiana ya tenía 30 años, hace poco. Fue todo lo que esperaba, y más. Es un papel que, como Giselle, deseaba hacer desde tan chica que me lo fui imaginando año tras año hasta que llegó la oportunidad. Leí el libro, me interioricé de la historia, lo viví. Poder hacerlo aquí va a ser emocionante.
P.: ¿Cómo va viendo año tras año la realidad del país y de su entorno?
M.N.: Me interiorizo por internet, pero estando fuera no puedo tener la misma opinión del que vive aquí el día a día. Hablo, escucho, pero no vivo acá, y es complicado dar una opinión. Volver a Buenos Aires, que es una ciudad bellísima y única, es algo que disfruto y estoy feliz, no puedo llegar a sentir la realidad de las cosas.
P.: ¿Va a dar alguna clase magistral?
M.N.: Sí, en Bahía Blanca, con Alejandro Parente. No hago mucho esas cosas, así que va a ser la primera vez que me anime.
P.: ¿No lo hace habitualmente por falta de tiempo o por otros motivos?
M.N.: Sí, por falta de tiempo. He dado dos o tres clases, ahora se dio y dije "me animo".
P.: ¿Le gustaría más adelante profundizar la actividad en la docencia?
M.N.: Mucho más adelante. No sé si tengo el talento: uno puede ser bueno en lo que hace, pero no por eso necesariamente un buen maestro. Me encantaría transmitir lo que aprendí, y eso en el ballet funciona: se va pasando de generación en generación. Ojalá tenga el talento para eso. Por otra parte, empecé a sentir curiosidad por cómo sería dirigir una compañía. Antes me lo preguntaban y nunca me llamaba la atención, pero desde hace uno o dos años me empezó a "picar" la inquietud. Es algo que me gustaría estudiar, como ha hecho Tamara Rojo, y en algún momento, de acá a un par de años, me gustaría hacerlo. Estoy averiguando dónde y cómo formarme, para estar bien preparada.
P.: ¿Y la creación coreográfica?
M.N.: Eso sí que no, no creo tener talento para eso, ni siquiera me lo imagino. Hay gente que me dice: "¿Cómo sabés si nunca probaste?", pero no. Prefiero dejarlo para la gente que realmente está dotada. Enseñar y dirigir me está gustando más.
P.: ¿En qué punto de su carrera se siente hoy?
M.N.: Ya hace varios años que me siento en la cumbre. Dicen que está entre los 28 y los 35 años; yo tengo 34, pero no estoy sintiendo que esté en el final de la cima. Y no lo digo con soberbia: todavía tengo un espacio grande como para seguir. Disfruto de este momento. Inclusive con los viajes que estoy haciendo me siento fresca. Eso hay que aprovecharlo, no hay que relajarse. Carlos Acosta, mi colega en el Royal Ballet, se retiró esta temporada con su "Carmen", y dio un discurso hermoso, en el que remarcó: "Aprovechen día a día y hora a hora, porque en cuanto uno pestañea se fueron 17 años como nada". Y realmente hay que aprovecharlo. Yo trabajé muy cerca de grandes bailarines, compartía camarín con ellos, que eran superestrellas. Viví muchos de sus retiros, y eso me llevó a darme cuenta de que tenía que disfrutarlo. Y sé que me va a costar muchísimo.


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